Eso de que la Junta de Andalucía promueva el aprendizaje de l catalán, el euskera o el gallego, propuesta que recoge en su programa electoral el PSOE, no parece algo tan grave como algunos quieren hacer ver. El catalán, el euskera y el gallego son idiomas y, como tales, si existe demanda, por qué no va a ofrecer su aprendizaje una institución pública, que se supone está para atender las necesidades de sus ciudadanos, en este caso como herramientas para conseguir negocio o empleo, argumento principal de la propuesta socialista. Además, en Madrid, donde gobierna el PP, ya se ofrece.

Lo que sí debe preocupar es el mensaje que esta propuesta encierra. Si la oferta de enseñanza de esas lenguas se justifica como apoyo a la búsqueda de empleo, se está considerando implícitamente que los andaluces tenemos que ir pensando en buscar las 'papas' fuera, en otras comunidades del Estado en las que hasta ahora se podía trabajar hablando castellano.

Pero, si de ayudar a la búsqueda de trabajo se trata, no sólo hay empleo en Cataluña, País Vasco o Galicia. También lo hay en Suecia. Y no veo a la Junta ofreciendo cursos de sueco. Puestos a pensar en ello y a calcular la utilidad relativa de un idioma como valor a la hora de pensar en trabajo y negocio, podríamos concluir que es más conveniente enseñar albanés, en sus dos dialectos, que el euskera, porque el número de habitantes de aquel país es mayor que el de la comunidad vasca.

En el fondo, todo este debate de tintes surrealistas no responde más que a la pervivencia de una de nuestras más bajas pasiones: el uso de las lenguas como armas arrojadizas. Los nacionalismos, insaciables por principio, convierten al idioma en la punta de lanza de sus reivindicaciones, en el elemento diferenciador frente al 'otro'. Por eso, y dadas las peculiares circunstancias políticas de la España actual, donde minorías que no creen en el modelo de Estado sostienen al Gobierno y quieren imponer sus criterios al resto, a la mayoría, el de las lenguas oficiales es uno de los debates favoritos de algunos políticos. Porque sólo ayuda a desunir y dividir.

Esta misma semana en que conocimos la propuesta, un médico ha tenido que dejar su trabajo en Cataluña por no saber catalán. Es un caso más de la larga lista de abusos e ilegalidades que se cometen bajo la excusa de la defensa de una lengua.

Yo prefiero seguir las indicaciones del Curso Dandalú (segunda parte ya en www.caliche-films.es) que es más divertido e integrador y, de paso, plantear ya de una vez el debate sobre los problemas reales de Andalucía. Porque todavía mucha gente no se ha enterado de que en esta comunidad hay también elecciones el próximo 9 de marzo. Claro, tal vez no interese este tipo de debate ahora porque, como decimos en andaluz, talacosafatá.

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