ECHAR las culpas a la crisis económica no debe ser suficiente para impregnar de un aura de legimitidad el inexplicable retraso que sufren las obras del edificio de Radiología del hospital de Jerez. Que un enfermo oncológico tenga que ser bajado de una ambulancia y montado en otra porque el vehículo ha cambiado de distrito sanitario es, sencillamente, aberrante. Pero peor es que esos traslados afecten a por desgracia a los enfermos afectados de mayor debilidad. Es lastimoso que estos deban recibir tratamiento a decenas de kilómetros porque una obra padece años de retraso no tiene nombre. Fallos de esta índole -tal y como ha denunciado el Partido Popular- dejan en entredicho un sistema sanitario, el SAS, que ya es mayor de edad.

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