Quien aguanta, gana o no

Mucho más importante que ganar o no ganar es saber por qué causas merece la pena aguantar lo que sea

Cuánto daño nos ha hecho la celebrada frase del célebre premio Nobel Camilo José Cela: "En España quien aguanta, gana". Los iberos ya somos por naturaleza y carácter un pueblo de enorme resistencia física y moral, partidarios irredentos del enroque largo y del "sostenella y no enmendalla". Es una constante histórica por lo colectivo y por lo individual. No hacía falta, pues, que viniese alguien a reírnos la gracia y menos todavía a darle a esa resistencia, que puede ser heroica y tener tantas causas nobles, una finalidad crematística o un afán de victoria personal o aires de venganza y, en cualquier caso, de vindicación personal.

En realidad, el valor de la resistencia radica, gane o pierda, en su razón de ser. Ni aguantar por aguantar ni aguantar por ganar justifican el esfuerzo. Pero aquí somos muy poco de dimitir por nada de nada.

Más claro que en el caso de Susana Díaz, que es quien me motiva esta reflexión, se ve en el de Josep Borrell. Quizá entró en el gobierno de Sánchez con la ilusión legítima y loable de hacer de contrapeso a las alianzas nacionalistas de su jefe, pero una vez comprobado que más que contrapeso funcionaba de coartada, ¿por qué aguantó? ¿Por qué sigue aguantando lo que le echen y adónde lo echen, si lo mandan a Europa como manera de quitárselo de encima? Una dimisión a tiempo hubiese sido una victoria.

El caso de Susana es mucho más complejo. Ella se aferra a su poder andaluz y podría tener sentido. Depende. Si es sólo porque fuera hace mucho frío (de justicia poética está resultando la ola polar que coincide con el desalojo del PSOE de la Junta), me parece un empeño inútil. Nocivo, incluso, si el precio fuese ser sumisa a los dictados de Pedro Sánchez. Lo fue, tras perder las primarias; y así le fue. También sería vano si está pensando que ganaría en una segunda oportunidad, como en una revancha.

En cambio, el numantinismo tendría un sentido si su resistencia al desalojo de la cúspide del PSOE-A responde al propósito de representar la sensibilidad andaluza frente a las cesiones al nacionalismo del socialismo actual. Susana podría dar a entender si su afán por continuar es una aplicación literal de la máxima de Cela o hay un propósito más elevado. ¿Quiere mantener encendida la llama de otro socialismo español posible a la espera (activa) de nuevas coyunturas? Vendrán en cuanto a Sánchez no le quede más remedio que convocar elecciones.

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