Crónica personal

Pilar Cernuda

Lo de antes y lo de ahora

ACospedal le están intentado sacar los colores con su decisión de reducir drásticamente el número de parlamentarios de Castilla-La Mancha. La presidenta regional y secretaria general del PP pretende además meter mano a sus salarios, de manera que vivan de sus sueldos profesionales, con la excepción de quienes deban tener dedicación exclusiva. No es la única dirigente que pretende reducir el número de parlamentarios, también se han pronunciado en ese sentido Feijóo, Ignacio González y alguno más, pero sólo a Cospedal la pretenden llevar al paredón político, incluso con alguna descalificación personal de tintes machistas.

Una, que ya tiene cierta edad y sobre todo buena memoria, recuerda muy bien los primeros parlamentos autonómicos de la Transición. Los parlamentarios no cobraban un salario, sólo dietas y los gastos propios de su cargo. Acudían a la sede parlamentaria las veces que se convocaban pleno o comisiones, de ahí las dietas, y se mantenían en sus puestos de trabajo, lo que entre otras cosas positivas permitía el contacto permanente y directo con la gente de la calle, no como ahora en que la mayoría de los políticos están asentados en el machito, no conocen el transporte público, conciertan sus entrevistas a través de secretarias y sólo acudan a los eventos a los que les invitan; pocas veces se acercan a una taquilla o se mezclan con quienes participan de una fiesta o un funeral.

En tiempos de crisis, los primeros que deben rascarse el bolsillo son los cargos públicos, y sin embargo los recortes les han sido ajenos. Son más de 1.200 los diputados autonómicos, y la media de sus salarios ronda los 40 mil euros brutos anuales. Una barbaridad en un país en el que tener trabajo de mileurista es un lujo. Hay políticos que se dejan la piel en su empeño de servir a los demás y no están ni medianamente bien pagados, pero otros en cambio no dan palo al agua y sin embargo cobran sus buenos euros a fin de mes.

No eran peores los diputados autonómicos de la Transición que no cobraban salario. Al contrario, dan mil vueltas a la mayoría de los de ahora, pensaban en el país más que en su cuenta corriente, hacían esfuerzos por mantenerse activos en su profesión al mismo tiempo que asumían responsabilidades políticas entre otras razones porque habían realizado un gran esfuerzo para ser buenos profesionales, y desde luego no entraban en política para medrar, como ocurre ahora con frecuencia.

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