Ayer los niños empezaron su curso escolar; ese día tan anhelado para olvidarse de dos meses con niños a toda hora. Fue una jornada de sólo un par de horas por esas cosas de la modernidad y del exceso de proteccionismo que ahora se tienen hacia los angelicales infantes; hoy ya estarán en horario completo. Felicidad absoluta de las mamás que tendrán, como mínimo, unas horas de tranquilidad para olvidarse de sus criaturitas. Es el comienzo de un tiempo que se aprovecha para que algunos hagan esquivas estadísticas de lo que cuesta poner en circulación el inicio del curso. Son, casi siempre, datos erróneos e interesados; pues en la mayoría de los casos, ni los libros de texto hay que pagarlos ni el material cuesta lo que dicen ni, casi nunca, los gastos de ropa son los que se declaran. Lo que realmente resulta caro es la propia educación; pero eso no interesa a los pobres papás que denuncian impunemente el desembolso tan desmesurado que han de hacer. Casi siempre el inicio resulta costoso porque, los padres, en lugar de hacer caso a las recomendaciones del colegio, se pliegan a la dictadura exigente de sus hijos. Los niños no tienen por qué ir a las aulas vestidos a la moda de París; en muchos colegios te brindan la posibilidad de los uniformes que son infinitamente más baratos y, también, más educativos porque hacen olvidar las tonterías costosas de las marcas. Lo mismo ocurre con el material escolar; compren lo necesario y verán cómo no es tanto. Los niños por pedir piden hasta las olas del mar. No sucumban a las tonterías y déjense de novelerías. Los que de esto saben son los maestros y a ellos son los que verdaderamente hay que escuchar. No olviden que la escuela esta para instruir, para motivar y para colaborar con los padres. La educación es, sobre todo y ante todo, de los padres. Feliz curso.

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