La bota de los turbiosEl Estatuto

Berrocal prefiere Jerez

Las carreteras cortadas en la zona rural debido a las inundaciones de las últimas semanas no han impedido que algunos deportistas aprovechen el fin de semana para salir. Es el caso de este ciclista que no dudó ayer en ir con la bicicleta a cuestas para pasar por esta zona, en la que la carretera casi ha desaparecido, y poder continuar con su entrenamiento. La imagen la captó PASCUAL.

Contra el peatón

CONOCÍ hace años a un juez que parecía sacado de una novela de Dostoievski. Muy alto, muy delgado, muy tímido, con un aire atormentado por los asuntos que se le iban acumulando en espera de sentencia. Las mesas de los funcionarios se iban quedando limpias mientras su despacho se inundaba de montañas de legajos repartidos por la mesa, los sillones, el sofá o el suelo. El trabajo no se le amontonaba por vago ni por irresponsable, sino por una obsesión perfeccionista que parecía martirizarle.

Este juez había sido atacado por una extraña enfermedad cuyos síntomas visibles eran la duda y la inseguridad, la incapacidad para resolver. Un día me acerqué a preguntarle por un asunto que llevaba durmiendo algún tiempo en el sofá de su despacho y lo encontré escondido tras un montón de expedientes, acobardado por tantos interrogantes en espera de resolución.

Seguro que era un hijo ejemplar, un estudiante disciplinado, una criatura a la que todo se le vino abajo en el momento en que tuvo ejercer su oficio de "decidir". Lo Trasladaron a otro Juzgado y no he vuelto a saber nada de él.

A veces pienso que si el Tribunal Constitucional no dicta la sentencia del recurso del Estatuto de Cataluña es porque nuestro Juez está allí y ha contagiado su enfermedad al resto de magistrados. Impotencia para juzgar es el diagnóstico.

¿De veras cree alguien que esa sentencia resolverá el problema autonómico en España? La nación se viene resquebrajando desde hace mucho tiempo y cada gobierno ha cedido a los nacionalistas cuanto le han ido pidiendo con tal de gobernar. El encaje de bolillos en que se ha convertido el mapa de España está cada vez más enredado. Para desenredarlo bastaría con definir sin cobardías, y sin querer contentar a todos, un modelo de estado, unitario o federal. Los dos no pueden ser a la vez, diga lo que diga el Tribunal Constitucional, si es que alguna vez se digna a decir algo.

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