Podría escribir de cualquier otro tema, pero se es columnista para arrimarse, como los toreros. El cartel de Vox, que ha provocado una escandalera, sólo se entiende si se le separan las líneas con mucho cuidado, como hacen los tédax con los cablecitos de la bomba. Siendo un cartel electoral, hay que diferenciar entre su verdad objetiva y su virtualidad propagandista.

El éxito publicitario es evidente. La prueba es usted mismo, que está leyendo esta columna con más inquietud de la acostumbrada, ¿o no? Y más allá: Vox, de golpe y porrazo (nunca mejor dicho) se ha puesto en el centro del debate. Pero no es sólo una cuestión de presencia, también de calado. No olvidemos los índices de inseguridad en ciertos barrios, el paro juvenil, la crisis económica, la escasa viabilidad de nuestra Seguridad Social, etc. ¿Con qué ojos verán ese cartel las personas más afectadas? Muchos, por miedo a ser tildados de racistas o insolidarios, no hablarán, pero escuchar es más fácil, y votar también. ¿Por qué creen que cunde tanta indignación? Si ese cartel perjudicase a un partido que no despierta las simpatías de los medios, ¿les espantaría tanto?

Obliga a los otros partidos, especialmente al PP, a tomar una postura sobre un tema sobre el que preferirían pasar de puntillas. Para todos es mucho más difícil posicionarse aquí. Lo disimulan rasgándose las vestiduras.

Pero está la segunda parte. ¿Es verdad lo que dice? Es verdad que hay pensiones así de bajas y es verdad que un menor extranjero no acompañado (mena) cuesta -aproximadamente y según datos oficiales- eso. La demagogia del cartel es comparar una paga mínima con un gasto medio; y haber puesto una foto de una señora muy guapa y triste y la de un mena con aspecto de estar calentando en la banda para la Intifada. Yo preferiría más fair play, como intento siempre, pero ¿no funciona la publicidad arrimando el ascua subliminal a su sardina? No es lo más aristotélico, ay, pero cumple un papel a favor de la verdad a posteriori. Inicia el debate con una provocación socrática.

De este tema no se hablaba y ahora andamos haciéndonos las precisiones más meticulosas. ¿Tenemos que asumir por la vía de los hechos un gasto inmenso para atender a quienes han entrado ilegalmente en nuestro país? ¿Se hace un esfuerzo análogo para cubrir las necesidades perentorias de nuestros vecinos más vulnerables? Ese debate es legítimo y, ahora, inaplazable.

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