Las dos orillas

Las colonias que perdimos

La democracia no puede limitarse a los países de origen cristiano, que suelen ser los más civilizados

Tanto duplicar las palabras, tanto hablar de ellos y ellas, y de las socialistas y los socios listos, para que llegue Joe Biden (el presidente más feminista de la historia de los EEUU, que iba a ceder el cargo pronto a su vicepresidenta Kamala Harris), y deje tiradas y sin futuro a las niñas afganas. Eso están diciendo algunos y algunas, porque ha sentado fatal lo ocurrido en Afganistán con los talibanes. El presidente Biden huye a lo loco. Y con un feroz atentado terrorista para despedirlo con muertos. Sin tener en cuenta que en ese país se quedan criaturitas, ahora condenadas a llevar el burka de por vida, a estar sometidas a sus señores machos, a no estudiar ni conducir ni bañarse en público. Y es verdad que ya no estamos en el tiempo de las cruzadas, ni vamos a reconquistar Jerusalén, ni a recuperar Constantinopla. Pero salir así de Afganistán hubiera sido impensable con la familia Bush, pongo por caso.

Afganistán es la última colonia que ha perdido Occidente. Es una ruta del opio, una encrucijada con Oriente, un territorio de guerras. Desde 1978 a 1992 los comunistas soviéticos la sometieron, tras una invasión, siguiendo las costumbres que sólo se les perdonan a ellos. Pero Afganistán pasó de la URSS a los talibanes, con permiso yanqui, hasta que fue recuperada en 2001 por el Protectorado liderado por EEUU y la OTAN, del que ha formado parte España. Ahora vuelve al talibanismo…

En otras colonias que perdimos se planteó la misma cuestión: ¿es preferible dejarlos solos como salvajes que son, o mantenerlos colonizados para que aprendan civilización? "Los expoliaban", afirman los autodenominados progresistas. "Les daban educación y cultura", replican los autodenominados liberales, pues nadie se autodenomina conservador cuando no hay nada que conservar. En Afganistán se había oído lo mismo que criticaron en Cuba, en Argelia o en la guerra del Rif.

En el Afganistán del siglo XXI han vivido mejor con tutela. Pero la libertad no es un regalo que Papá Noel Yanqui o los Reyes Magos conceden a los niños y las niñas de Oriente. La democracia no puede limitarse a los países de origen cristiano, que suelen ser los más civilizados. Europa acogerá a miles de refugiados, pero hubiera sido mejor que los afganos vivieran en Afganistán sin miedo. En resumen: se trata de que las tribus sean demócratas en sus países. Y eso no se consigue comiendo en McDonald's todos los días. La libertad hay que ganarla y asentarla. Esta huida es el resultado de un gran fracaso.

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