Diario De las artes

bernardo Palomo

Quien da primero da, siempre, mucho más

BEATRIZ Aranda comenzó su andadura expositiva, ya, de forma distinta, valiente, sin cortapisas, casi con descaro. Mostró sus credenciales abiertamente, sin cortarse un pelo, sabiendo lo que tenía entre manos, lo que ofrecía y lo que podía dar de sí. Lo hizo sin miedos ni preocupaciones. Y tal como lo ofreció se pudo observar que estábamos ante una pintora distinta, llena de entusiasmo, actividad, pasión y potencial creativo. Desde entonces; de esto hace muy poco tiempo - ella es clamorosamente joven - cada vez que ha comparecido, la hemos visto transitar por más y mejores caminos. En estos pocos meses su pintura ha sido asunto noticiable en los medios artísticos. Exposiciones colectivas - también alguna que otra individual - con éxito de público, crítica y hasta ventas - algo en estos días que corren bastante poco habitual -; algún premio y alguna selección para ocupar espacios de cierto interés artístico. En definitiva, estamos ante una artista que ya pisa terrenos importantes y lo hace con absoluta solvencia y determinación.

Esta exposición que ocupa los espacios del Ateneo jerezano viene dada, precisamente, por uno de estos reconocimientos que Beatriz Aranda obtuvo en los últimos meses. La institución cultural que tiene su sede en la calle San Cristóbal 8, convocó un Certamen de Artes Plásticas para artistas jóvenes. El primer premio fue a parar a manos de esta artista. Del desenlace del mismo surgió esta muestra que no hace si no manifestar las buenas proposiciones artísticas de esta joven que, ya, ocupa un lugar de referencia en los cerrados ambientes de la pintura jerezana - cerrados porque, todavía, hay algunos que se empeñan en ser ellos solos , cuando aportan bien poco, y temen la competencia de artistas jóvenes que dejan entrever posturas de infinita mayor trascendencia que las suyas -.

Desde aquella exposición - creo que la primera individual - en la Sala Paúl, a Beatriz Aranda se la vio muy segura; realizando una pintura para nada dubitativa, con soltura y maestría y dominando, con amplitud de miras, un paisaje de pincelada larga, fuertes gestos pictóricos y afortunada conciencia creativa. Este paisaje, básicamente el más importante centro de interés de su pintura, nos ofrece un convincente planteamiento reduccionista, con los registros representativos diluidos en unos efectivos cromáticos que atemperan el gesto ilustrativo y acentúa la posición expresiva. Paisaje de tintas apasteladas que, no obstante, generan poderosa gestualidad y envuelven los planteamientos naturalistas de una bella maraña colorista que acerca a sugestivos estamentos cercanos a lo abstracto.

Pero la personalidad de la joven pintora no podía permanecer mucho tiempo en un mismo desarrollo pictórico. Poco a poco su pintura ha ido evolucionando justamente. Sin abandonar ese paisaje de mínima representación, Beatriz Aranda ha ido introduciendo pequeñas aportaciones plásticas que integra en el contexto del paisaje, son mínimos collages que intensifican el aporte formal y abren unas mayores perspectivas expresivas.

La exposición del Ateneo jerezano nos sirve para encontrarnos con una artista en pleno proceso de búsqueda. Su juventud nos hace apreciar que estamos en un momento interesante de su carrera; pero que se atisba mucho más; se presienten cambios en esa juiciosa evolución para afrontar nuevos derroteros y novedosos horizontes. Por eso es interesante asistir a este apasionante discurrir del hoy porque seguro antecederá a un mañana ilusionante donde todo puede ser posible. Pero estamos convencidos de que eso estará impregnado de una verdad creativa, de un honroso estamento - no se sabe cuál será - lleno de intensidad y de valores artísticos.

La pintura de Beatriz Aranda se nos apareció apasionante, esclarecedora, creando expectativas: Todo ello lo estamos constatando en un evolucionar sensato, interesante y lleno de solvencia. Que no decaiga.

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