La esquina

josé / aguilar

El debate sobre Zoido

ESTA semana ha sido el alcalde de Granada, José Torres Hurtado, el que ha hurgado en la herida abierta en el Partido Popular de Andalucía por la indefinición en que se halla un asunto clave para la consolidación y el avance del centroderecha andaluz: ¿quién va a ser el candidato a la Junta en 2016 (o antes, a poco que se descuiden)?

Esta herida va a seguir supurando mientras no se cicatrice con una decisión final que se resiste mucho más de lo que el PP puede permitirse. La insistencia del presidente del PP, Juan Ignacio Zoido, en proclamar que él se siente sobre todo alcalde de Sevilla y que la alcaldía de la capital es su prioridad absoluta, sólo puede interpretarse como la expresión de una firme voluntad: no ser el candidato a la Junta ni muerto. Ni arrastrado.

Una vez que toda la organización ha interiorizado esta realidad, los dimes y diretes, sugerencias y quejas, autopostulaciones y maniobras en la oscuridad no van a cesar hasta que el problema no se encare y resuelva. Es así sin remedio. Torres Hurtado ha dicho que el partido "sin estresarse, no debe tardar mucho" en tomar la decisión sobre la candidatura. Pero es que lo que está estresando al partido es precisamente el hecho de que la cúpula dirigente del PP, en Andalucía y en Madrid, esté tratando de enfriar la cuestión, muy acorde con el talante de Mariano Rajoy. Y más dañino que el estrés partidario resulta la falta de un liderazgo que tan importante papel tiene en un sistema como el nuestro en el que los nombres y las caras influyen más, para el éxito y para el fracaso, que los proyectos y los programas.

En el origen de una situación ya preocupante está la fallida transición que siguió a la marcha de Javier Arenas tras el fiasco de su triunfo electoral que le dejó a orillas de la tierra prometida. Su sustitución se hizo digitalmente -eso no es noticia-, con Cospedal manejando el cotarro a su favor para abortar cualquier operación que llevara el sello del mismo Arenas y con la organización frenéticamente poseída por el horror vacui, ese miedo cerval a los vacíos tan propio del barroco.

Huyendo del vacío, el Partido Popular de Andalucía ha caído en el lleno, que puede ser peor. Está lleno de inseguridades, de candidatos a ser candidato, de oscuridades e intrigas, de flancos débiles ante el adversario, de interinidades y de desconfianzas.

Mientras más pronto lo entiendan, mejor.

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