Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Cuando la justicia es claramente injusta

SARCASMO es el calificativo que se me antoja más adecuado así que pasan los días y no acaba de explicarse la sanción de que ha sido objeto cierta parte de la afición del Sevilla. Afición y club igualmente castigados a la par que coincidiendo en el tiempo con ese mirar hacia otra parte como se ha resuelto el oprobio de la final de Copa. Y no voy a tener más remedio que apelar a algo que nunca me gustó, lo del agravio comparativo.

Siempre huí del lloriqueo que supone eso de por qué a mí sí me castigan y a ese no cuando el motivo es similar. Pero las cosas son tan claras que no voy a tener más remedio que unirme a la queja común de por qué el peso de la justicia deportiva se ceba en los nuestros. Aun estando de acuerdo en que los estadios van pidiendo una especie de limpieza étnica que erradique el vandalismo y, por supuesto, la mala educación creo que se está matando moscas a cañonazos.

Desde que el fútbol existe, en el campo del Sevilla se ha zaherido al Betis y en Heliópolis al Sevilla. Forma esto parte de una rivalidad que a veces se pasa de la raya, pero tampoco vamos a pretender convertir el estadio en la Scala de Milán. Cuatro partidos de sanción a los maleducados no está nada mal, sobre todo como ejercicio higiénicamente preventivo, pero, caramba, con la de cosas que están pasando por ahí no es de recibo que sólo esto sea merecedor de sanción.

Hoy ha sido el Sánchez Pizjuán y en breve, ya lo verán, va a ser Heliópolis el centro de la iracundia sancionadora. Jamás me gustó quejarme en plan victimista, pero es que no va a haber más remedio que alzar la voz en la reclamación de un trato uniforme. Y, por cierto, ya está tardando castigar los desmanes que ocurren en esos campos convertidos en ágoras donde se pregonan reivindicaciones anticonstitucionales, algo que parece peor que por lo que sancionan al Pizjuán.

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