EL SEXTANTE DEL COMANDANTE

Luis Mollá Ayuso. Capitán de navío

La leyenda del triángulo de las Bermudas

Medio siglo de un archipiélago misterioso. Un artículo en una revista fechado en 1964 abría la leyenda de un trozo de mar en el que, como en todos, se han perdido algunos buques

SUcedió en un frío otoño de finales de la década de los 80. El portaaviones PríncipedeAsturias navegaba por el océano Atlántico con rumbo a los Estados Unidos cuando repentinamente a bordo se sintió una fuerte sacudida como resultado del contacto con algún objeto sumergido, lo que se vio acompañado por un ruido anómalo y una considerable pérdida de velocidad. En principio se pensó que el casco del buque podría haber impactado con un cetáceo que de alguna forma debía seguir adherido al barco, que vibraba y ofrecía una extraña sensación de rozamiento. Dado que los portaviones no tienen sonar, se lanzó al aire una pareja de helicópteros dotados con este tipo de sensores, los cuales no tardaron en confirmar un insólito eco submarino que se mantuvo en las proximidades del barco durante un período de tiempo prolongado, lo que descartaba cualquier cetáceo o submarino de propulsión diésel, incapaces de mantener las altas velocidades de un buque de combate. La noticia circuló por pasillos y comedores hasta convertirse en un rumor que atrajo a la dotación a la oficina de operaciones, donde se recibían noticias directas de los helicópteros y, teniendo en cuenta que se navegaba por aguas próximas al triángulo de las Bermudas, las hipótesis no tardaron en dispararse hasta los límites del disparate. El misterioso objeto submarino desapareció horas después tan repentinamente como había aparecido y con la llegada a Norfolk la historia pareció quedar en el olvido. Sin embargo, durante el tránsito de regreso a España volvió a circular a bordo sazonada con los razonamientos más pintorescos, en una suerte de alucinación colectiva que terminó convirtiéndola en otro de los muchos mitos que alimentan desde siempre la esencia del mar.

Un proceso parecido es el que ha llevado a muchos a considerar el llamado triángulo de las Bermudas como un campo de fenómenos insólitos, en un trozo de mar que, como en todos, se han perdido algunos buques de manera no siempre explicada. El término se acuñó en 1964 en un artículo en una revista norteamericana que analizaba la misteriosa desaparición en 1945 de un escuadrón de bombarderos de la Marina Norteamericana: el mítico vuelo 19.

El archipiélago de las Bermudas fue bautizado así en honor a su descubridor, el explorador español Juan Bermúdez, que originalmente lo llamó Islas de los Demonios debido a los fuertes vientos y oleajes que predominaban en la zona. El llamado triángulo de las Bermudas tiene uno de sus vértices en este archipiélago y los otros dos en Puerto Rico y el sur de Florida y es famoso por la gran cantidad de aviones y buques desaparecidos en sus aguas aparentemente de forma misteriosa y dramática. La zona gozaba de bastante popularidad antes de la desaparición del vuelo 19. Sin embargo fue este extraño accidente aún por resolver lo que disparó su desconcertante fama. El vuelo estaba compuesto por cinco bombarderos Grumman Avenger que despegaron de Fort Laudardale (en el sur de Florida) a las dos de la tarde del cinco de diciembre de 1945, en un vuelo de adiestramiento para los 15 componentes de la formación, todos con escasa experiencia. Al vuelo, que debía tener una duración de dos horas, no se presentó el cabo Allen Kosnar, del que se dijo que había tenido una extraña premonición. A las 15:45 horas el líder de la formación comunicó a la base que estaban perdidos dentro de una tormenta y a partir de ese instante la comunicación radio se fue debilitando, hasta que la última medianamente inteligible pareció sugerir que los instrumentos se habían vuelto locos. Los mensajes originales se extraviaron posteriormente, aunque algunas fuentes han sugerido que pudieron ser destruidos para disimular alguna responsabilidad o que tal vez nunca existieron. En cualquier caso, a las 16:30 horas un hidroavión Martin Mariner despegó en misión de rescate con trece tripulantes a bordo. Su responsable radió su posición dos veces antes de desaparecer. Hacia las siete de la tarde la torre de control captó una señal débil en la que sólo era reconocible el distintivo del vuelo 19. Al crepúsculo la tripulación del petrolero GinesMills informó del avistamiento de una enorme bola de fuego en el horizonte, aunque una vez que se acercaron a la zona en cuestión no encontraron ningún tipo de restos. No se puede hablar de una prueba concluyente, pero las características del avistamiento se corresponden con las del accidente de un avión con mucha capacidad de combustible, como eran los Martin Mariner.

Desde que se hizo pública la desaparición consecutiva de los dos vuelos se disparó el número de teorías que intentaban explicar el fenómeno y el propio Steven Spielberg utilizó este escenario en la película Encuentros en la tercera fase para proponer que los bombarderos reaparecieran en un desierto 30 años más tarde, mientras que los viajeros descendían de un platillo volante con el mismo aspecto del día de su desaparición, aunque la teoría más extendida es que el primer vuelo se perdiera por culpa de la falta de experiencia de los pilotos, que siguieron a su líder desorientado hasta que la falta de combustible los obligó a aterrizar en un mar encrespado en el que desaparecieron para siempre. En cuanto al segundo vuelo, se supone que sufrió un accidente sin más, tal vez al descender a reconocer algún resto sobre la mar encrespada. A los diez años de la desaparición consecutiva del vuelo 19 y del Martin Mariner que acudió en su socorro, el escritor sensacionalista Charles Berlitz publicó con mucho éxito un libro titulado El Triángulo de las Bermudas, en el que manipuló escandalosamente los datos y los mezcló con otros claramente falsos, a pesar de lo cual dio un impulso enorme al caso hasta convertirlo en un fenómeno mediático que circula por todo el mundo.

Desde que sucedieron los accidentes hasta la fecha, los pescadores de la zona han venido recogiendo restos de aviones en sus redes e incluso huesos humanos, sin que nunca haya llegado a concretarse su origen. El fuselaje de un avión encontrado en 1987 a 20 millas de Cayo Hueso correspondía sin dudas a un Grumman Avenger, sin embargo no fue posible certificar que perteneciera a uno de los aviones del desgraciado vuelo 19, cuyo final sigue siendo un misterio que da origen a otro superior: el del inquietante y desconcertante triángulo de las Bermudas.

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