Tribuna Libre

Alfonso Romero Paz

El Merendero de los Paz

El autor, descendiente de la familia que encargó la estructura ocupada que hoy se encuentra en la Alameda Vieja, pide su arreglo y que sea trasladada a la Real Escuela

El merendero de la Alameda Vieja, ocupado estos días. El merendero de la Alameda Vieja, ocupado estos días.

El merendero de la Alameda Vieja, ocupado estos días. / Pascual

Qué verdad es que nos encontramos en una de las situaciones más difíciles, un hecho histórico de una pandemia que muy pocos recuerdan alguna igual, en parte a su avanzada edad. Hoy día nuestros mayores son la población más vulnerable y no solo hablo en el sentido humano, que es el más importante, sino también en el sentido histórico de nuestro patrimonio como Ciudad.

Pues sí, esta pandemia también se olvida y se lleva por delante a insignias representativas de la ciudad como es el merendero de los Paz encargado a Eiffel. Nuestro patrimonio también es mayor y pide ayuda y que lo protejamos, porque después de todo solo nos quedará el recuerdo. 

Pero una cosa nos está enseñando esta Pandemia, y es que en los momentos más tristes de la primera ola, por designios del no se por qué -que cada uno saque sus conclusiones- la familia aparece y se reagrupa. Una bella historia de la unión de dos, unidas por un Merendero abandonado y okupado pero con un apellido común en sus entrañas: Paz. 

Corrían los días del confinamiento cuando, en un paseo acompañado por Carmen Paz y Luis Paz Coiras, mi madre y mi tío respectivamente, vimos el lamentable estado en el que se encontraba aquello que nuestros antepasados habían disfrutado en su niñez allá en Villa Mercedes, lo que hoy conocemos como el González Hontoria. Cuál fue mi sorpresa que en esa conversación se hizo un silencio incómodo, nostálgico, de tristeza, y yo en mis adentros entendí que debería hacer algo. Medité mucho, ya que ese día no lo podré borrar jamás de mi memoria. La pandemia no solo se lleva a los mayores, sino también se lleva sus recuerdos. 

Esta afamada obra de arte que hoy se encuentra en los aledaños de la Alameda Vieja, reclamo turístico de la Ciudad, proviene de la Familia Paz.

Es curioso cómo ocurren las cosas en esta vida, pero inicié una campaña en redes sociales para avisar del estado de este icono fantástico y, cuál fue mi sorpresa, que entre los escritos recibidos apareció una persona desconocida para mí pero conocida para mi familia. La Madre Superiora del Convento de Santa María de Gracia (Santa Rita) me escribió comentándome que una monja de clausura que lleva toda la vida al servicio de Dios preguntaba qué Paz era yo, que tanto empeño estaba poniendo en el Merendero.

Y, como designio 'del de arriba', apareció en mi vida Sor Mercedes (Sor Merceditas para los niños más desfavorecidos, a los que ella impartió clases en el convento). Sor Mercedes es nieta de José Paz Partida e hija de Flora Paz Varela. 

Merendero de Villa Mercedes en 1912, en lo que hoy es el real de la Feria del Caballo. Merendero de Villa Mercedes en 1912, en lo que hoy es el real de la Feria del Caballo.

Merendero de Villa Mercedes en 1912, en lo que hoy es el real de la Feria del Caballo.

José Paz Partida fue dueño de un próspero negocio de tonelería del cual se conservan aún botas de roble en las más ilustres bodegas a nivel nacional e internacional. Sito en Villa Mercedes, entre jardines, viñedos y huertos, colocó el afamado Merendero al estilo de Gustave Eiffel. 

Este Merendero fue trasladado posteriormente a localización de la Cartuja y después fue donado a los Padres Blancos, que al final decidieron donarlo a la ciudad para su exposición y protección, ocupando la ubicación actual. 

Unidos por esta hermosura de patrimonio, me fui rápidamente a conocer a mi antepasada, a la cual desconocía. Agarré a mi hija de apenas 9 años y allá que fuimos a conocer a Sor Mercedes y quedamos maravillados por la sencillez, por el amor, por la vocación de una hija de Dios y, a la vez, se quedó en nosotros una misión que realizar en esta pandemia. Sor Mercedes no dejaba de contarnos lo maravilloso y precioso que era el Merendero y su deseo, con 92 años muy bien llevados, era poder volver a verlo tal cual lo recordaba. 

Fue un encuentro precioso de generaciones separadas por casi un centenar de años que la pandemia ha unido, con un objetivo de amor en común: llevar el Merendero a su estado original. 

Es mi empeño hacer realidad este sueño de nuestros mayores. Miles son los jerezanos y jerezanas que apoyan esta causa y que no quieren ver este deterioro en uno de los emblemas más bonitos de nuestra ciudad, de nuestro patrimonio e imagen de Jerez y de sus ciudadanos al mundo entero. 

De ahí que solicitemos al Ayuntamiento su arreglo, pues como miembro de la familia Paz, deseo y solicito que esta maravilla sea trasladada al Recreo de las Cadenas en la Real Escuela Ecuestre y sea expuesta de nuevo con la hermosura con la que se creó y así poder hacer que los visitantes de nuestra preciosa ciudad puedan llevarse un buen recuerdo de una niñez divertida, jugando y merendando en unos jardines y huertos con aroma a flores, tal y como tiene grabado en su memoria Sor Mercedes. 

Pido de corazón a todo Jerez que avive este deseo de que Sor Mercedes pueda disfrutar una última vez de lo que antaño fue para ella amor y alegría, que su secuela quede inmersa en Jerez en un pequeño rincón de nuestra ciudad a buen recaudo y que maraville al mundo entero. 

Que esta pandemia nos ayude a entender que los más mayores están ahí y que su patrimonio debemos conservarlo pero no de cualquier manera, sino como debe ser, intacto por el paso de los tiempos. 

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