Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

La metáfora del 'tiquitaca'

La amargura de ver que la belleza, con el tiempo y sus ciclos, se ha tornado esclerosis

Pasolini, Marías, Handke, Nabokov, y también mujeres como Duras o Moix han dado lustre intelectual al fútbol, lo que durante muchos años -por ejemplo, mi juventud- era un anatema: quienes amábamos el fútbol, no podíamos ser en puridad cultos ni progresistas; la estupidez de la suposición contraria también funcionaba. Cierto es que puede uno toparse con Valdano escribiendo del balompié: consuela que, al menos, el papel tiene un límite. Suele decirse que el fútbol es una socorrida metáfora de la vida, también sometida a cierto abuso. Y no podría ser menos: es masivo su seguimiento. Borges, que de futbolero tuvo nada por razones no sólo ideológicas, era muy poco argentino en esto: "El fútbol es popular porque la estupidez es popular". En el fútbol hay estúpidos y escoria hincha; también hay inocentes que el día de partido disfrutan de la gloria colectiva de pertenecer a un club; hay intelectuales, ya vemos. Y va habiendo de todo: porque el fútbol es una fuente inagotable de paralelismos y tendencias mundiales. Hablemos de Mundiales.

Incorporación de mujeres al césped y las gradas. Creciente músculo negro o árabe en las primeras ligas, que no puede uno dejar de considerar un rasgo interpretable en clave de migraciones. En Francia hay muchos más jugadores de raza africana o magrebí que originarios… y cantan La Marsellesa con su extra de carne en los morros. Países caducos y emergentes. La caducidad se ha mostrado descarnada en Rusia 2018 en el caso de las eliminaciones de Alemania, Argentina y, ay, España a las primeras de cambio. Los otrora gallitos son gallos viejos: parecemos querer ignorar que el paso del tiempo es letal para las estrellas; véase Iniesta. Si no fuera ley de vida, todavía disfrutaríamos al grandioso Johan Cruyff. Nos consolamos con las resonancias del Flaco que nos brinda el croata Modric. Y la España eliminada el domingo, qué metáfora. Algo dolorosa: no ya por la actitud infantiloide, vanidosa e irrespetuosa de Piqué al mirar al suelo mientras suena un himno -cualquiera que fuese-, aunque también huele esa niñatada al solipsismo despreciativo de Torra. Una tontada, mucho menos grave que saltar a defender un córner con un braceo propio de bailar jotas. Lo más metaforico, en fin, es el marasmo del tiquitaca español, su fatal decadencia, la sensación de incapacidad de fluir en conjunto. La amargura de ver que la belleza, con el tiempo y sus ciclos, se ha tornado esclerosis. Nos veremos en Qatar 2022. Vaya metáfora, por cierto. (Mientras esto se escribe, Brasil parece resistirse a decaer.)

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