Homo ferians

Fernando Taboada

En orden y por turnos

VAMOS a dejarnos de cuentos. La gente no va a la Feria ni a ver los enganches ni a montar a los niños en los cacharritos para que dejen de pegar chillidos. Aunque lo parezca, tampoco es cierto que la gente vaya expresamente a ponerse perdida de lamparones, como marca la tradición, ni a taconear en los tablaos (que si lo hacen es más que nada por quitarse el polvo de los zapatos, pero no por gusto.) Con el paso de los años me he terminado convenciendo de que a la Feria a lo que realmente se va es a hacer colas en las puertas de los servicios. Y si no, observen ustedes el detalle: cuanto más largas son esas colas, más éxito tiene la caseta.

Los verdaderos aficionados a ponerse en fila india se preparan bien antes de salir de casa. Ellas se empotran en sus trajes de faralaes, que están diseñados especialmente para estas faenas, y ellos se plantan un floripondio en lugar bien visible para lucirlo mientras esperan. Y yo lo entiendo, porque como en la Feria no se hace cola en ningún otro sitio del mundo. Allí se habla de toros, de moda, se fuman puros y hasta da tiempo de hacer algún brindis. Además, es donde se liga con auténticas garantías. ¿Dónde se conocieron más de la mitad de los matrimonios que se celebraron en la última década? En las colas del servicio, como es natural.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios