TRIBUNA LIBRE

R. D. / Jerez / Jesús Caballero Ragel

La plantilla de la Atalaya dice que hace tres meses que no se limpia Memoria histórica e historia

CCOO lleva a Inspección de Trabajo un nuevo retraso en el pago de las nóminas

Los trabajadores de la Fundación Andrés de Ribera -que gestiona los dos museos de la Atalaya, el del Tiempo y el Misterio de Jerez- denunciaron ayer que todavía no han cobrado ni la paga extra de Navidad ni la mensualidad de diciembre. Este nuevo retraso ha motivado que la plantilla autorice a CCOO a denunciar ante la Inspección de Trabajo a los dos patronos de la fundación, que son el Ayuntamiento y la Diputación Provincial de Cádiz.

El secretario local de CCOO, José Manuel Trillo, recordó ayer que los doce trabajadores que conforman su plantilla vienen padeciendo esta situación desde hace más de un año. Desde su punto de vista, "no tiene sentido que esto esté ocurriendo mes tras mes, sin que nadie en el Ayuntamiento o en la Diputación le ponga remedio; cada mes se nos plantea que no ocurrirá más, pero sigue ocurriendo".

Trillo carga a continuación contra el Ayuntamiento ya que dice que su "reiterado incumplimiento" con la plantilla y con la organización sindical que los representa [CCOO], lo que hace que la situación sea insostenible". Para el líder local de CCOO la situación es especialmente "injusta" debido a que se trata de un colectivo "muy pequeño y hace poca fuerza". No obstante, señaló que CCOO "ya no va a permitir más incumplimientos", por lo que ha pedido a sus representantes sindicales que participen en una concentración que tendrá lugar el próximo 15 de enero (12 horas) en las propias instalaciones de la Fundación.

Por su parte, aprovechando estas fechas, los trabajadores de la Fundación han escrito su particular carta a los Reyes Magos, en la que tras ironizar sobre las gestión que se hace de la institución por parte de los dirigentes políticos y de la pérdida de patrimonio [el hotel de la Costa del Sol] que se ha producido, piden a los políticos que tengan claras sus propiedades a la hora de tomar decisiones. Los trabajadores, que destacan los eventos y celebraciones que ya están confirmados paras el próximo año -y que, de alguna manera, confrontan con la gestión de los políticos- destacan, no obstante, el potencial que tienen estas instalaciones y la "ilusión" con la que el colectivo lleva a cabo sus funciones, pese al ambiente adverso que encuentra.

Además, denuncian las condiciones laborales en que desarrollan sus funciones, destacando, por ejemplo, que "hace casi tres meses que no vienen a limpiar donde trabajamos cada día", las deficiencias que se producen en el servicio de vigilancia y de jardinería (hay que recordar que el recinto tiene unos jardines que han sido declarados patrimonio cultural andaluz).

Además, destacan que se ha producido el corte de la línea telefónica por impago (incluido el acceso a internet y al correo electrónico) y que incluso se haya anunciado próximamente el corte de la luz por el mismo motivo.

La ley de memoria histórica no ha contentado a nadie. Quizá, ya nació con un tufillo político que preveía más desencuentros que encuentros necesarios para superar sin complejos nuestra historia más reciente. Por un lado, una derecha que la cree innecesaria, que cree que se trata de asuntos muy desagradables que pasaron en este país y que no vale la pena remover. Una forma de pensar que coincide con la de muchos de nuestros jóvenes, que se han educado en un ambiente de bienestar y a los que la historia reciente de este país les importa menos que sus botellonas, móviles, messenger y mp3.

Por otro lado, una parte de la izquierda ha puesto de manifiesto una visión excesivamente revanchista, juzgando la historia, buscando verdugos. Al final, todo se traduce en opiniones sesgadas, parciales y llenas de tópicos. Una derecha que no se sale de Paracuellos, el asesinato de religiosos o las checas comunistas y que tiene claro que en los dos bandos se hicieron las mismas barbaridades. Una parte de la izquierda que aprovecha la ley para reclamar una justicia vengativa que tampoco tiene razón de ser.

Mi esperanza en esta ley era que se analizasen con más rigor los acontecimientos históricos que acaecieron durante la II República y el Franquismo. Una parte de la historia que se había tratado en multitud de publicaciones desde la cercanía a los hechos y la filiación a cada bando. Una historia que estaba sesgada por falta de documentos, por archivos cerrados o por fuentes destruidas (prácticamente se destruyó toda información perteneciente a determinados grupos políticos o sindicatos). Una historia que estaba falta de estudios más completos, y por supuesto, mínimamente objetivos.

Un error de la memoria histórica ha sido que los estudios se han dejado, en algunos casos, en manos de aficionados. Personas sensibilizadas con el tema, a veces incluso por cuestiones estrictamente familiares, pero faltos de visión historiadora. Han caído en el error de analizar las circunstancias con una óptica actual, como si se tratase de un juicio sumarísimo, sin reflexionar de forma comprensiva, como requiere la labor del historiador, la convulsa mentalidad de la época. También la memoria histórica ha sido un escaparate político. Hay más fotos de políticos inaugurando monolitos de represaliados que publicaciones serias. Los propios historiadores que han estudiado el tema encuentran grandes dificultades para publicar sus estudios.

Además, la ley de memoria histórica llega muy tarde, quizá como reflejo del miedo que existió al franquismo durante la transición democrática. En Alemania, Francia o entre los judíos de Israel, los damnificados de la segunda guerra mundial reciben desde los años 60 y 70 una compensación económica estatal o internacional por el sufrimiento que padecieron. En España, poca gente va a recibir una compensación económica por lo que padecieron. Sencillamente, se ha esperado a que la mayoría de ellos ya no exista para crear esta ley, que quizá suponga más una compensación moral que otra cosa.

Si en aquellos países, se acepta sin más la perversidad del fascismo, en España se sigue sin reconocer la perversidad del franquismo y la realidad de su innegable y brutal represión. No hay, pues, un punto de partida racional para una reconciliación. Algunos incluso pretenden que el 17 de julio fue una revuelta popular sin reconocer siquiera la realidad de un golpe militar en toda regla ante un poder democráticamente establecido. Una parte significativa de la sociedad española sigue reafirmando a Franco y pasean sin pudor su retrato o las banderas anticonstitucionales. Una irreconciliación que parece imposible entre los que ven a Franco un salvador de España y del cristianismo ante el comunismo y los que lo consideran, en mi opinión con mucha razón, uno de los mayores criminales contra la humanidad de la historia. En este sentido, esta ley ha tenido la consecuencia negativa de reavivar el franquismo. Las dos Españas, que siguen hoy latentes y vivas y que han aflorado desde sus túneles con esta ley de memoria histórica, que aún así no parece interesar a nadie, pero que a la vez todo lo que se escribe sobre ella se analiza con lupa. ¡Inquietante!

Pero hay cosas de esta ley que son algo absurdas. En los años 80, iniciada la democracia y cuando el clima político era más adverso, desaparecieron casi el 80% de nombres de calles franquistas y todo tipo de monumentos de exaltación a Franco y José Antonio. Nadie dijo nada. Jerez es un ejemplo de ello. Se quitaron monolitos de José Antonio y estatuas de Franco sin mayores dilaciones. Hoy, cuando sólo quedan por quitar algunos residuos de aquella época, se arma una parafernalia, se establecen comisiones, se da un bombo que en ningún caso se le dio en los años 80. Quizá, porque lo único que interesa es hacer un paripé y hacerse alguien una foto con el espinoso tema. De indemnizar a los represaliados o sus familias, muy poquito.

En mi opinión, la memoria histórica debe seguir avanzando - y en este sentido lo está haciendo muy bien - en seguir aportando la dignidad que se merecen aquellas personas de bien que murieron o sufrieron una brutal represión por defender unos justos ideales, aquellos que defendieron el orden constitucional en 1936, los que defendieron a los trabajadores y sufrieron represión por ello, los que murieron en ambos bandos por causa injusta y vengativa y no por causa de guerra. Hay que reconocer y valorar a aquellos buenos hombres y mujeres que sufrieron la muerte o la represión sin existir justificación alguna, aquellos que vieron su labor silenciada por la historia. Y nada más. No debe haber ningún otro interés vengativo ni partidista.

Espero que se prioricen los estudios históricos de esta época y se facilite la publicación de los mismos. Es el momento de que todos empecemos a aceptar - sin prejuicios, sin complejos ni partidismos- el pasado reciente de nuestra historia. Con ello, seguro, sale reforzada la sociedad y la democracia.

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