HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano

La reina de Saba

Unos arqueólogos dicen haber encontrado el palacio de la legendaria reina de Saba, más conocida por la imaginación y el cine que por las escrituras sagradas y profanas. No vamos nosotros a corregir a los expertos que, tras muchas penalidades y trabajos, han dado con unos muros en unos pedregales de la empobrecida Etiopía, antiguo emporio de oro, incienso, piedras preciosas, monos y aves exóticas. Menos el incienso, todo lo demás se suponía que no era etíope, sino que caravanas etíopes y sabeas los traían a las costas desde el interior de África para vendérselo a los barcos de otros reinos, entre ellos el de Salomón. Que en este palacio encontrado hubiera un altar orientado hacia la estrella Sirio donde se veneraba el Arca de la Alianza y que allí viviera la mítica reina que visitó al rey Salomón para averiguar su sabiduría, es cuestión aparte. Tan aparte como las razones del viaje y la existencia misma de esta exótica mujer.

El relato bíblico de la reina de Saba, o Sabá, tiene todos los ingredientes para ser un recurso literario: una poderosa señora de un lejano reino visita a Salomón para proponerle una serie de enigmas y dificultades. "Mas Salomón le descifró todas las cosas que le propuso: ni hubo punto que no se lo declarase". Admirada del saber y de la magnificencia del rey de Israel, le regaló muy ricos presentes, recibió otros en correspondencia y se volvió a su reino". Unas leyendas posteriores la hacen madre de un hijo de Salomón, Menelik, fundador de la dinastía monoteísta de Etiopía, a quien su padre le regaló el Arca de la Alianza para que la custodiara como premio a su conversión. Como digo, el relato tiene visos de leyenda oriental con lujos asiáticos, erotismo pagano y enigmas antiguos, muy dudoso de que sea real. Por un lado se hacía el elogio de la fama de Salomón y, por otro, se daba prestigio a una dinastía nueva.

El sabeo era un pueblo antiguo del que se tienen noticias por la Biblia y por las inscripciones encontradas, sobre todo en Yemen, en una lengua semítica emparentada con el fenicio, pero de su historia se sabe muy poco. Por los hallazgos se sacan conjeturas: una es que, al ser un pueblo comerciante, dejaría inscripciones en factorías fuera de su propio país; otra es que en un momento de esplendor controlaría las dos orillas del estrecho y golfo de Adén, un poder que la Historia nunca ha perdonado, y que la mítica reina tendría palacios lujosos en ambos lados y pasaría temporada en uno u otro. Los sabeos eran semitas, emparentados con los etíopes, quienes, a su vez, eran parientes de etnia y de cultura de los egipcios. Pero todo esto queda muy lejos y oscuro, cuánto más la reina de Saba, Menelik y el traslado del Arca de la Alianza, que el pueblo judío nunca hubiera consentido. Los arqueólogos dirán. Nosotros a la única reina de Saba que reconocemos es a Gina Lollobrigida.

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