LA TORRE DEL VIGÍA

Juan Manuel / Sainz Peña

Sobre tu sentencia

HOLA, soy yo, el perrillo que apaleaste en Chipiona casi hasta la muerte hace un par de años. Pero no, los animales no somos como los humanos, así que no te escribo estas líneas para decirte que me alegro de los diez meses de prisión a los que te ha condenado una jueza, ni para desearte ningún mal. Solamente te escribo para decirte que tal vez -y solo tal vez- la sentencia haga reflexionar, no solamente a los que, como tú, emplean la fuerza salvaje y desmedida contra un perrillo, sino contra todos aquellos que abusan de los animales.

No espero, desde luego, que lo que ha dicho su señoría te quite el sueño, pero sí que cada noche, cuando te acuestes, pienses una vez y otra, y otra, en mis aullidos lastimeros, en mi cabeza herida y en ese ojo que perdí por tus golpes.

Quizá también puedas preguntarte qué ganaste con eso. Y yo te lo diré: sumaste un poco más de inmoralidad y de desvergüenza a la raza humana. También arrimaste el hombro para corroborar lo que todos saben: que el hombre es mezquino, malo, cruel y desalmado, porque he tratado de comprender la razón de tus golpes, de tus gritos y tus blasfemias, y no he encontrado otra explicación que esa: las características inherentes a tu raza.

Yo, gracias a María Ángeles -no podría haber mejor nombre para alguien como ella- vivo con la calma de sentirme amado y respetado, querido y mimado. Porque aunque no lo creas, los animales tenemos una dignidad que debería ser respetada, y no pisoteada, pateada y golpeada, más que por unos zapatos o un palo de madera, por la más absoluta de las ignorancias.

Espero, porque ya te he dicho que los animales no somos vengativos, que te vaya bien. Eso sí, rezo a vuestro Dios porque nunca más un animal se cruce en tu camino.

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