El otro día unos alumnos me preguntaron cómo los norteamericanos celebramos el día de Thanksgiving o  Acción de Gracias.

—Pues Thanksgiving —les dije— es una ocasión muy especial en la que toda la familia se reúne al mediodía para comer una gran comida.

Hombre. Teniendo en cuenta que la mayoría de los niños acababan de reunirse con sus familias al mediodía para comer una gran comida, esto no les impresionó.

—Pero… ¿eso es todo, teacher? ¿Eso es Thanksgiving?

—Bueno —seguí—. El propósito de Thanksgiving, lo que no se puede olvidar, es dar gracias —o sea, give thanks— por las cosas que solemos tomar por sentado, en concreto la comida y la familia.

—Ahhh, vale. Eso tiene sentido, teacher. Eso tiene sentido.

Pues, sí. Tiene sentido. Mucho. La verdad es que Thanksgiving siempre ha sido mi fiesta estadounidense preferida. Cada año, la echo de menos profundamente. La añoranza tiene algo que ver con la estación: el otoño sureño es una maravilla, con las cosechas del campo, bosque, y mar; las hogueras, las barbacoas, y los asados de mariscos. El apogeo es el día de Thanksgiving, cuando toda la familia, desde los primos hasta los abuelos, pasando por los respectivos perros, se reúnen para compartir una gran comida. Es un día en el que los estadounidenses pueden vivir, por un rato, al estilo andaluz.

Este año, con el covid, ni siquiera los andaluces pueden vivir al estilo andaluz. La pandemia ha sido dura para muchas comunidades, pero la situación de Andalucía parece especialmente preocupante. Más allá del colapso del turismo, lo que ha sido devastador, es el hecho de que la cultura andaluza tiene tanto que ver con reuniones en persona. Pensamos en las zambombas de Navidad, las procesiones de Semana Santa, las casetas de la Feria, o los tablaos de todo el año. No son simplemente ocasiones de ocio o culto; para muchos, son la sangre vital de la economía. ¿Qué pasa con la familia cuyo negocio son los vestidos de gitana hechos a mano cuando no hay ferias?

No sé qué pasará aquí. Todo lo que sé es que nunca ha habido una mejor ocasión en mi vida para dar gracias por la comida en la mesa y por los seres queridos con quienes compartirla. Por no hablar de la buena salud, sin la cual, nada. Los eventos de este año nos han demostrado cuán desaconsejado es dar por sentado todo esto: la salud, la familia, el sustento. En cualquier momento, podríamos perder todo.

Muchos ya han perdido todo. Y en eso, también, Thanksgiving tiene algo que enseñarnos. El primer Thanksgiving ocurrió en Massachussetts, en 1621, un año después de que los primeros peregrinos—los inmigrantes de esa época—hubieran llegado desde Inglaterra. Su primer invierno había sido devastador: la mitad de ellos habían perecido de enfermedades. Esa primavera, unos nativos les enseñaron cómo sobrevivir en esa tierra tan desconocida. Les enseñaron a cultivar la tierra, a cazar en los bosques y a pescar en los ríos. Era un gesto, claro, que los nativos llegarían a lamentar, con toda la razón del mundo, pero durante ese otoño, al menos, había paz, respeto, y bondad entre los dos grupos.

En noviembre, en lo que se considera el primer Thanksgiving, los peregrinos invitaron a los nativos a compartir el fruto de la cosecha. Es decir, el primer Thanksgiving es la historia no solo de una familia, sino de muchas familias, tanto nativas como migrantes, uniéndose para celebrar y disfrutar de la abundancia. Por lo cual, para honrar el verdadero espíritu de Thanksgiving, no es suficiente dar gracias por lo que tenemos: deberíamos atender a los que no tienen, para que ellos también tengan algo por lo que estar agradecidos.

Este año, el saludo tradicional "Happy Thanksgiving" o "Feliz Día de Acción de Gracias" puede sonar poco apto. Sin embargo, es una buena oportunidad para reconocer el verdadero valor de lo que solemos dar por sentado: la salud, la comida, y la familia. Si aprendemos esto de la pandemia, pues cuando por fin termine, podremos apreciar cuánto hay que agradecer, cuánto hay que celebrar, no solo el cuarto jueves de noviembre, sino durante todo el año. Esa sería una lección de gran valor, no solo para los estadounidenses, sino para todo el mundo.

Happy Thanksgiving a todos. Esperemos que el próximo noviembre nos encontremos reunidos en una gran comida, compartiendo historias de una pandemia ya superada.

Charlie Geer es el autor del libro ¿Qué dices, teacher? Síguelo en las redes: @amerizano

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