Teníamos una crisis política y constitucional en Cataluña y ahora tenemos además una crisis de orden público. A los mandos del superjumbo catalán hay un piloto con carné de tractorista. No se engañen, no es que el hombre no quiera gestionar la situación; es que no sabe. Su capacitación para el desempeño de presidente de la Generalitat no da para más. Torra es la puntilla para el escaso crédito que le quedaba al soberanismo catalán en el resto de España y en la casa común europea. En todo caso, debió sentirse aliviado al ver que acudían a la manifestación de ayer en Gerona sus colegas de tractorlandia, llegados desde el interior de la Cataluña profunda y carlista.

Al otro lado de la responsabilidad está Pedro Sánchez. A tres semanas de las elecciones el presidente en funciones del Gobierno de la nación tiene un problema y una oportunidad. El PSOE hasta ahora no despega en las encuestas, al contrario del PP que no para de subir. El líder socialista intenta colocarse en la más absoluta centralidad, dejando a los demás a su derecha o a su izquierda. Tiene que combinar hacer frente a las protestas por la sentencia contra los sediciosos y su campaña en pos de una mayoría cautelosa. Un difícil equilibrio que si le sale bien le permitiría pasar de los 130 diputados, como pretendía al forzar la repetición electoral. Pero si le sale mal, puede naufragar y empeorar posiciones.

En el corto plazo, la parte más alocada de la dispersa Convergencia no va a cejar en sus provocaciones al límite de la ley y la sensatez. Al menos hasta las elecciones, el grupo que encabezan Torra y Puigdemont alentará la violencia pacífica; es su campaña para evitar que cuaje la estrategia de ERC, más pragmática y más moderada al menos en apariencia. Hay una sorda guerra fría cada vez más clara entre los carlistas de Puigdemont y los republicanos de Junqueras.

Estamos muy lejos del momento indulto. Algunos dirigentes posconvergentes como Campuzano han dicho estos días que con presos en las cárceles no podrá haber un acuerdo para el conflicto político. Creo que es al revés: nunca podría haber un eventual indulto antes de que haya un acuerdo y una salida constitucional al embrollo catalán. En todo caso, este proceso judicial ha retirado de la circulación a varias generaciones de avezados dirigentes políticos y ha puesto al frente de las instituciones a unos aficionados a los que les viene grande el encargo. Un grupo de irresponsables de los que se puede esperar cualquier desatino. Tractoristas pilotando superjumbos

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