EL resultado de las europeas ha tenido ya, a una semana vista, algunas consecuencias importantes. Por ejemplo, que el PSOE haya convocado un congreso extraordinario para decidir su futuro liderazgo. Esto abre un tiempo de incertidumbre en el principal partido de la oposición, que se enfrenta a un forzado, aunque previsible, proceso de renovación, que tendría que haber afrontado inmediatamente después de las últimas generales.

Por otro lado, la irrupción de Podemos ha descolocado a la izquierda, sobre todo a IU, a quien ha sustituido, por ejemplo, como tercera fuerza política en Sevilla. El partido de Pablo Iglesias, que ha conseguido cinco eurodiputados partiendo de la nada, ha demostrado que se pueden conseguir apreciables apoyos electorales sin necesidad de estructuras clásicas partidarias. Han sabido utilizar, sobre todo, las posibilidades que brindan los nuevos sistemas de comunicación, que ha rentabilizado mucho mejor que las formaciones de corte tradicional.

En cuanto al PP, aunque ha sufrido un descenso considerable en cuanto a votos y escaños en el Parlamento Europeo, ha salvado los muebles gracias a esos tres puntos de ventaja y dos eurodiputados sobre el PSOE. Esto le permite afrontar el año y medio que queda de legislatura, con una cierta tranquilidad, confiando en que la recuperación económica le permita volver a ganarse la confianza de muchos de esos votantes que el 25-M optaron por la abstención. Pero los populares, como los socialistas, juntos pero no revueltos, tienen que reflexionar sobre ese aviso que los ciudadanos les han dado a ambos. El hecho de que entre los dos no hayan conseguido la mitad de los votos les obliga, primero, a un análisis de lo que está ocurriendo y, después, a adoptar una serie de medidas para recobrar la confianza perdida. Lo que está en juego es la gobernabilidad del país después de las próximas generales. El bipartidismo no se ha desplomado, pero se desliza por una pendiente peligrosa.

En Andalucía, la vuelta del PSOE a la primera posición de la clasificación política reabre el debate sobre la posibilidad de una convocatoria anticipada de elecciones que, aunque siempre negada, no ha dejado de estar latente. Pero la subida de IU y la aparición de UPyD y Podemos, como posibles partidos con representación parlamentaria, obliga a una lectura mucha más sutil de la conveniencia partidista de esa decisión. Así que, ya veremos.

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