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Demasiado proyecto para tan poco tiempo

Lo que hizo ayer el presidente Sánchez en el Congreso de los Diputados fue, sencilla y llanamente, un acto electoral

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció ayer ante el Congreso de los Diputados para presentar las líneas maestras de su proyecto de Gobierno. Así, el político socialista habló de cosas tan variadas como la necesidad de un nuevo Estatuto para Cataluña que cuente con el consenso de todos, de la exhumación de los restos de Franco para trasladarlos a un lugar aún por decidir, del aumento del objetivo del déficit, del "rediseño" del impuesto de sociedades, de las "calles libres de manadas", de un plan de choque de empleo juvenil, de la supresión del artículo 315.3 del Código Penal que castiga a los piquetes intimidatorios -una aspiración de Podemos-, de la "construcción" de un nuevo Pacto de Toledo, de cambios en la Ley de Arrendamientos, de una nueva Ley de Cambio Climático y Transición Energética, de más medidas para el fomento de la innovación tecnológica y un larguísimo etcétera. En definitiva, parecía que Sánchez fuese la cabeza de un Ejecutivo recién elegido por mayoría absoluta en las urnas y con cuatro años por delante para llevar a cabo (o por lo menos arrancar) un programa de calado. Sin embargo, la realidad es otra muy distinta. Nadie niega -y quien lo haga miente- la legitimidad del actual Ejecutivo socialista, que llegó al poder al poner en marcha un mecanismo de la Constitución como es la moción de censura. Ahora bien, el propio presidente y su equipo deberían ser muy conscientes de dos cosas. La primera es su absoluta debilidad parlamentaria, con apenas 84 diputados, lo que obliga a pactar continuamente con los populistas de Podemos y con otras fuerzas que, incluso, tienen entre sus objetivos la destrucción del Estado. La segunda es que sólo cuenta con media legislatura para llevar adelante unos proyectos que, insistimos, necesitarían de mucho más tiempo del que dispone en la realidad (exceptuando aquellos gestos más pensados de cara a la galería, como el del Valle de los Caídos). Lo que hizo ayer Pedro Sánchez en el Congreso fue, sencilla y llanamente, un acto electoral. Es cierto que todos los políticos, incluidos los presidentes del Gobierno, están en permanente campaña, pero incluso así lo de ayer fue a todas luces excesivo. Sánchez no tiene ni apoyos ni tiempo para llevar adelante un proyecto que (independientemente de que guste o no) es demasiado ambicioso para sus magras fuerzas. Si quiere de verdad llevarlo a cabo, que termine de normalizar la situación política e institucional en España y convoque elecciones.

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