Estar en el Gobierno y en la oposición, y a la vez

Iglesias marca diferencias porque va muy mal en las encuestas y porque sabe que una polémica mediatizada es más rentable que una negociación entre ministros

L AS tensiones internas que está soportando el Gobierno central no se deben a las lógicas diferencias que hay entre dos partidos distintos, sino a la voluntad de uno de sus dos líderes, Pablo Iglesias, de marcar diferencias públicas debido a su mala situación en las encuestas electorales y al convencimiento de que, en efecto, una polémica mediatizada es más rentable que una negociación silenciosa entre distintos ministros. Hace unos días, Iglesias llegó a llamar a los sindicatos y a otros colectivos sociales a que presionasen al Ejecutivo para conseguir los objetivos que Unidas Podemos se ha marcado. Se trata de una deslealtad más de quien juega a estar en el Gobierno -por su parte, con una escasa gestión- y en la oposición, a la vez. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, está enfrentada a la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, por una nueva subida del salario mínimo interprofesional (SMI). Del 0,9%, lo que supondrían 950 euros en 14 pagas. Calviño ha argumentado que en estos momentos de crisis económica y de gran incertidumbre no es conveniente añadir mayor tensión ni a las empresas ni al propio Estado, ya que parte de los subsidios están indexados por el SMI. Lo que ha solicitado la vicepresidenta es que, en cualquier caso, éste sea un acuerdo alcanzado entre todas las organizaciones socioeconómicas. A todo esto se añade la obsesión de Iglesias por convertir la cuestión de monarquía o república en un asunto principal del país, cuando todas las encuestas reflejan que éste no es un tema que haya calado en la opinión pública. La negociación del decreto antidesahucios, finalmente acordada en el Consejo de Ministros, sí añade un poco de tranquilidad a unas semanas muy convulsas en el Ejecutivo, donde los miembros socialistas parecen hastiados de las salidas de tono de Unidas Podemos. La aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2021 debe suponer un cambio en la orientación del Gobierno de coalición, en el que las alianzas de Iglesias con la extrema izquierda y los independentistas han provocado lógicas inquietudes en una inmensa mayoría del país.

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