Sombras judiciales sobre Podemos

Podemos lleva años sin respetar la presunción de inocencia de los investigados. Ahora es esta formación la que está bajo sospecha

DURANTE años, Podemos y su líder, Pablo Iglesias, han sostenido un discurso en el que se acusaba a los viejos partidos del “régimen del 78” de estar carcomidos por la corrupción. Como contrapunto, la formación morada se presentaba como una fuerza regeneradora (cuando no revolucionaria) de la política española, un partido llamado a limpiar el barrizal español. Este discurso, que tiene parte de razón (la corrupción en el país ha llegado a ser insoportable), se ha hecho siempre sin atender al rigor obligado a la hora de hablar de la reputación de las personas. Saltándose la presunción de inocencia de una forma escandalosa (algo por otra parte muy común en nuestro país) se adelantó el reproche social a personas que sólo estaban imputadas, muchas de las cuales fueron declaradas inocentes por los tribunales cuando ya el daño estaba hecho y se había jugado con la honorabilidad de los investigados. Ahora, sin embargo, le toca a Podemos y a Pablo Iglesias ser los que están bajo sospecha. En los últimos tiempos hemos visto como un juzgado de Madrid investiga a Podemos como persona jurídica por presunta financiación irregular tras la denuncia de un antiguo abogado de la formación. Asimismo, ayer mismo supimos que el juez del caso Villarejo ha pedido al Supremo investigar a Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno, por descubrimiento o revelación de secretos, con agravante de género, daños informáticos y acusación o denuncia falsa y/o simulación delito en relación al robo del móvil de su ex asesora Dina Bouselham. La respuesta de la formación morada, como era de esperar, ha sido fomentar una teoría conspiranoica por la que los grandes y oscuros poderes del país quieren acabar con la carrera del líder de Podemos, una especie de héroe del pueblo. No somos nosotros los encargados de juzgar a Iglesias. Por ahora, y hasta que se demuestre lo contrario, debe ser considerado inocente. Pero inevitablemente llama la atención que los que tanto han abusado de las acusaciones arbitrarias ahora clamen al cielo por que la Justicia haga su trabajo, que no es otro que perseguir el delito allí donde esté.

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