Editorial

carlos navarro antolín

Una oportunidad perdidala mortadela Illa a precio de jamón

Sánchez ha pensado más en los intereses del Partido Socialista en Cataluña que en buscar a alguien con un perfil adecuado para combatir la pandemiaEl ministro en Cataluña es la prueba de que el presidente sabe perfectamente qué sociedad gobierna y en qué tiempo vive

Como era público y notorio desde hace unos días, la hasta ahora ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias, es la encargada de sustituir a Salvador Illa -que será el candidato de los socialistas en las elecciones catalanas- al frente del Ministerio de Sanidad. Por su parte, el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, se encarga de relevar a Darias en su Ministerio. En resumen, se puede decir que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha perdido una oportunidad de oro para poner a una persona de alta cualificación en salud pública al frente de un departamento, el de Sanidad, que antes de la pandemia era anecdótico -la mayoría de las competencias en la materia están en manos autonómicas-, pero que ahora es de primerísima importancia. El paso de Illa por el ministerio que ahora abandona, como dijimos ayer, ha dejado mucho que desear. Es evidente el fracaso en la gestión de una pandemia que parece no dar tregua; fracaso que, en honor a la verdad, comparte con el conjunto de las comunidades autónomas. Illa ha sido un ministro con buena imagen, pero poco más. Por eso, éste era el momento de poner al frente de Sanidad a alguien que pudiese encarar con garantías de éxito la pandemia del coronavirus, más en unos momentos en que ha alcanzado máximos históricos. No dudamos de las capacidades de la ministra Carolina Darias, pero su currículum no es el más apropiado para el cargo, como tampoco lo era el de Illa. En general, parece claro que Sánchez ha pensado más en los intereses del Partido Socialista en Cataluña que en buscar a alguien con el perfil adecuado para combatir la pandemia. Lo importante, según su criterio, era buscar un sitio en el Gobierno de la nación a Miquel Iceta para resarcirlo del varapalo que suponía para éste su defenestración en Cataluña. Al presidente del Gobierno no parece haberle importado demasiado que estuviésemos en uno de los momentos más complicados de la pandemia, con picos altísimos y problemas importantes en la campaña de vacunación. Sánchez ha hecho sus cálculos electorales y poco le ha importado el resto.

SÁNCHEZ coloca al alfil Illa en Cataluña porque las tripas de las encuestas del servil Tezanos, en otro tiempo un sociólogo de prestigio, le garantizan un buen resultado. Y eso dice mucho de la política y la sociedad actuales. Un ministro de Sanidad que se da el piro en plena pandemia, con más de 60.000 muertos y un proceso de vacunación a paso de tortuga, no está precisamente llamado a afrontar nuevas empresas. ¿Pero por qué se soporta la apuesta por Illa? Porque vivimos tiempos líquidos. No importan ya los argumentarios, sino los eslóganes. Qué más da el resultado de la gestión cuando se tiene buena imagen, estética de intelectual y gafas de pasta que proyectan una fachada de empollón aplicado sostenida por los puntales del postureo. Illa no ha sido un buen ministro, pero parece un buen ministro. Y con eso basta. ¡Al cuerno la meritocracia! El absurdo ministro de Cultura, un tal Uribe, dijo en TVE que los ministros no han aprobado ninguna oposición para serlo. ¡Cáspita, una verdad! Ni con Franco ganaban oposición. Eran a dedo entonces y lo son ahora. Enviar al centurión Illa a las provincias catalanas prueba que el presidente Sánchez conoce a la perfección la sociedad en la que vive y gobierna, tiene perfectamente diagnosticado el tiempo que le ha tocado vivir y sabe que ni mucho menos hará el ridículo con esta apuesta. Sólo el márquetin es capaz de presentar la mortadela con precio de jamón . Y son los tiempos en que más vale caer bien que ser bueno. ¿Recuerdan aquel debate entre Pizarro y Solbes? Ganó Solbes, pero tuvo la razón Pizarro. Malos tiempos para el prestigio, que no cotiza. Malos tiempos para la gestión, que importa un comino si no va acompañada de una buena ración de eso que te venden en un máster como "comunicación política". Malos tiempos para todos esos valores que revelan autenticidad, trabajo, mérito, esfuerzo, compromiso, diligencia, buena fe, excelencia y, en consecuencia, resultados. La prueba de que da exactamente igual todo, de que no importa nada que seas un verdadero fiasco en la gestión, es que Illa es el candidato a la presidencia del Gobierno de Cataluña, una región lastrada por el separatismo y víctima de cambalaches y bochincheros. La imagen que se proyecta es la de que todo da igual. Hace tiempo que en la política mandan los departamentos de márquetin con sus correspondientes Arriolos e Ivanes Redondos. Al final será verdad que tenemos los políticos que nos merecemos. El lobito está cobrando y las ovejitas pagando... Qué guapo es Sánchez. Qué buena imagen tiene Illa. Qué bien le quedan las gafas.

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