Un paso más en un modelo que funciona

LA Consejería de Educación y Deportes de la Junta de Andalucía ha anunciado que prepara una orden que abrirá la puerta al concierto de etapas de la enseñanza que, hasta ahora, no eran habituales como Bachillerato y la Formación Profesional media y superior, no obligatorias. En principio, estos conciertos se pondrían en marcha el curso próximo. Y, como era de prever, tras este anuncio, no se han hecho esperar quienes desde hace mucho tiempo critican sistemáticamente a la enseñanza concertada, cómo y dónde se establezca, por motivos puramente ideológicos o religiosos. No estamos, sin embargo, ante una propuesta descabellada, sino todo lo contrario. La enseñanza concertada se ha demostrado muy útil y ofrece unos resultados bastante positivos, por lo que criminalizarla como vienen haciendo diferentes sectores de la izquierda, además de injusto es demagógico. Sólo hay que ver el perfil de los estudiantes y sus familias en la concertada para comprobar que no se trata de un modelo elitista, sino todo lo contrario: favorece el acceso a la educación de muchos alumnos que, de otra forma, probablemente se quedarían fuera de un sistema que no es capaz de absorber la demanda, como está pasando en la FP. Sólo gracias a la existencia de centros concertados se puede atender hoy a esos estudiantes para los que la enseñanza pública no tiene recursos y, además, con un coste inferior por plaza. Estamos, pues, ante un complemento de la enseñanza pública que en muchos municipios cuentan con un gran arraigo entre la población y desde hace décadas realiza una labor social que va mucho más allá de la meramente educativa. Renunciar a ese potencial sería un lujo para una comunidad que tiene que apostar por la educación como uno de sus principales valores. La concertada, lejos de ser enemiga de la pública, es una enseñanza totalmente accesible para quien la elija y cuenta con unos patrones de transparencia absolutamente incuestionables. Que su influencia se extienda a etapas con demanda sólo puede responder a criterios de eficacia y de interés público. Lo demás son debates que caen por su propio peso, por la fuerza de los datos y resultados y, cómo no, por los intereses exclusivamente políticos.

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