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A cuatro semanas de la repetición

La principal tarea de los representantes en un Parlamento salido de las urnas es elegir al presidente del Gobierno

La democracia española es una democracia madura, su índice de calidad está por encima de la de otros países de la Europa occidental, pero los partidos que completan el arco parlamentario no se están comportando de un modo similar. Quedan apenas cuatro semanas para que acabe el plazo de elección de un presidente del Gobierno; si no fuese así, España volvería a repetir unas generales por segunda vez. Esto supone, de por sí, una crisis constitucional, y no por un error de la Carta Magna, sino por una falta de responsabilidad de los principales partidos hacia el significado de lo que debe ser una democracia representativa. La repetición supondría devolver a la ciudadanía el mandato para el que sus representantes han sido elegidos, porque esa es la principal tarea de un Parlamento: elegir a un presidente del Gobierno. Y en el Congreso hay fórmulas de consenso; no una, sino varias. El presidente en funciones, Pedro Sánchez, intentará formar un Ejecutivo monocolor con el apoyo de unas fuerzas de izquierda que han demostrado escaso compromiso con el Estado. Es una de las posibles; mejor, desde luego, que la coalición con Unidas Podemos, que no asegura ni estabilidad ni una acción única de gobierno. Pero hay otras: PSOE y Ciudadanos forman una mayoría que no necesitaría ni de populistas de izquierdas ni de partidos independentistas. Esta es una posibilidad que debe estudiarse, por encima de los personalismos de una y otra formación, pero incluso, en estos momentos, tampoco tiene que descartarse un Gobierno de amplia mayoría que también esté apoyado por el PP. ¿Qué razón de peso lo impide? ¿Qué causa objetiva? España volverá a enfrentarse en septiembre a otro coletazo del procés, el presidente de la Generalitat ya está llamando a la confrontación abierta con el Estado y, además, los indicadores de otros países europeos vienen señalando que hay riesgo de una nueva recesión. Sí, si hay nuevas elecciones será un fracaso común, pero en especial, de los partidos.

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