Rioja y Oro

Los besos castos de Tamara Falcó con letra de Manuel Alejandro

  • La marquesa de Griñón exhibe su amor con Íñigo Onieva, un joven diseñador de coches

  • El compositor jerezano recibe un homenaje, merecido pero tardío, de la Junta de Andalucía

El beso con mascarilla que Tamara Falcó e Íñigo Onieva han protagonizado. El beso con mascarilla que Tamara Falcó e Íñigo Onieva han protagonizado.

El beso con mascarilla que Tamara Falcó e Íñigo Onieva han protagonizado. / Revista Hola

El amor es un arte que no siempre está al alcance de cualquiera. Perdonen este comienzo cursi-filosófico del Rioja y Oro de hoy, pero es lo primero que se me viene a la mente tras ver la portada de cierta revista donde la nueva marquesa de Griñón se besa -mascarilla de por medio- con su actual novio, un chico especializado en el diseño de coches y que responde al nombre de Íñigo Onieva. Es un beso apto para todos los públicos. En un entorno paisajístico (seguimos con las cursiladas) con fuente, parterre y las hojas que el otoño ha ido esparciendo por el suelo. Ambos con abrigos y botines, muy casual (que dirían los entendidos en la materia), fundiéndose en un casto roce de sus labios. El más vivo retrato de la nueva forma de amar que nos ha traído la pandemia. 

Del nuevo consorte de la marquesa hemos sabido esta semana casi todo. Los amigos con los que se relaciona (jóvenes de éxito empresarial y con un futuro prometedor, no faltaba más) y hasta el estilo de su madre, futurible consuegra de Isabel Preysler. Onieva viene del mundo industrial. Su abuela y su progenitora ocupan puestos de especial responsabilidad en la compañía de electrodomésticos que fundara la familia en tierras vascas durante la década de los 60, donde rompieron el techo de cristal del que tanto hablan ahora ciertos políticos que no han tenido mayor logro en sus vidas que el de escalar puestos en el partido de turno.

Retomemos, que me desvío. Lo cierto es que la pareja se ha dejado ver por restaurantes madrileños a la hora de almorzar y cenar -en la patria de Isabel Díaz Ayuso (esa presidenta de sempiterno mechón suelto y abrigo verde rabioso) no se cierra a las 18:00-, solos o en compañía de otras parejas. Una imagen de felicidad que sirve de bálsamo a estos días de semiclausura y con el termómetro a la baja. A Tamara se le intuye en esas fotos una alegría que creíamos robada por el virus. Amor en tiempos del Covid con su justo pasteleo, que para eso hablamos de una experta en fogones (de cocina, aclaro).

¿Reconciliación con mascota?

Aunque para dosis alta de glucosa la que nos regala cada semana la pareja de la pandemia. Y para ponerle más azúcar a este romance con ínfulas adolescentes -al que sólo le queda que le salga el acné propio de la edad- Enrique Ponce y Ana Soria han decidido ampliar la familia. No, no se alarmen por este titular con malicioso intento equívoco. El diestro alicantino y la veinteañera almeriense se han limitado a comprar una mascota. Ney se llama el can que desde hace pocos días se ha convertido en la nueva inquilina de su hogar a orillas del mar. Allí será testigo de este romance de valentía, que escribía Rafael de León y que dejó en el eco sonoro de la memoria coplera Juana Reina.

Valentía, no sé, pero resistencia le está poniendo el torero a aceptar las condiciones propuestas para el divorcio por su ex, Paloma Cuevas (¡qué mona va esta chica siempre!). La clave estaría en una posible reconciliación con su mujer (a mí no me miren, es lo que se comenta en el entorno taurino del diestro) o en el dinero, la madre de todas las batallas cuando el amor se rompe, de tanto usarlo, que diría la más grande que al desamor ha cantado con letra de oro de otro grande de Andalucía, Manuel Alejandro, quien ha recibido estos días un homenaje de la Junta de Andalucía. Justo pero demasiado tardío. 

Miguel Poveda intervino en el homenaje que se le tributó a Manuel Alejandro en Jerez. Miguel Poveda intervino en el homenaje que se le tributó a Manuel Alejandro en Jerez.

Miguel Poveda intervino en el homenaje que se le tributó a Manuel Alejandro en Jerez. / Miguel Ángel González

Este jerezano, que ha escrito para las principales voces del país -y de más allá de las fronteras españolas-, no ha sido congraciado aún con la medalla de Andalucía. Sí, esa distinción entregada a personalidades que, permítanme la licencia, no reúnen ni el 25% de méritos que posee este compositor para que se la hubieran concedido. Las canciones de Manuel Alejandro han marcado época. Pertenecen al imaginario sonoro de varias generaciones, pues sus letras relatan con tal rontundidad metafórica momentos de la vida, pasiones prohibidas y desengaños que resulta difícil no acordarse de ellas cuando pasamos por alguno de esos trances. 

Una aristócrata con casa en Sevilla

Para trance amoroso del bueno el que está viviendo José María Michavila, el que fuera ministro de Justicia en los tiempos de José María Aznar. El letrado se bebe los vientos por Alejandra Salinas, aristócrata y sobrina de Mercedes Milá. Hasta tal punto ha llegado el enamoramiento, que ambos se han ido a vivir juntos con sus hijos -seis en total, pues la mayor de él se independizó- y ya se anuncian campanas de boda (expresión tópica donde las haya). Michavila saltó de la sección de política a la del famoseo cuando años atrás, tras quedarse viudo, comenzó un romance con Genoveva Casanova, la ex mujer de Cayetano Martínez de Irujo

Alejandra Salinas y José María Michavila. Alejandra Salinas y José María Michavila.

Alejandra Salinas y José María Michavila. / D. S.

De Salinas podemos decir que pertenece a una de las casas nobiliarias más importantes de España. De las de escudo y renta, por seguir con las letras copleras. Entre sus múltiples propiedades se encuentra la Casa de Salinas, del siglo XVI, situada en la sevillana calle Mateos Gago, a escasos metros de la Catedral y la  Giralda. Su planta baja, por cierto, permite una más que recomendable visita. 

El último capítulo de Cantora

Para lo que aún no se ha escrito letra es para la copla que se vive en Cantora, epicentro de la crónica rosa las últimas semanas. La zona cero de la prensa couché. El último capítulo lo ha protagonizado el requerimiento notarial de los hermanos Rivera Ordóñez para hacerse con las pertenencias de su padre, un intento que, al parecer, sufrió un revés hace años por la Audiencia Provincial de Madrid.

La Pantoja sigue empecinada en no entregar nada y dejarlo todo bajo llave en aquella sala misteriosa. Cada vez que hablan de esta habitación prohibida me acuerdo del cuarto rojo de Cincuenta Sombras de Grey, donde los protagonistas daban rienda suelta a instintos no confesables. Ya saben, esos placeres nada castos que nos hacen olvidar los primeros fríos. El arte del buen amor, del que escribió el arcipestre de Hita (desconocemos si era coplero). Pongan los dos rombos.  

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