Asamblea | Estreno en Filmin El espectador tiene la palabra

Tras su paso por el Festival de Málaga de 2019, Asamblea se publicita como el primer filme español cuyo estreno previsto en salas se traslada a una plataforma virtual (Filmin), un dato que sin duda quedará para la pequeña historia de nuestro cine cuando se recuerden estas semanas inciertas como consecuencia del Covid-19. También para la estadística quedan los 23.000 espectadores que la han visto en su primer fin de semana, cifra más que satisfactoria que posiblemente supera con creces la que hubiera alcanzado en su estreno en salas. 

Están por verse los análisis y estudios que de estos datos saquen distribuidores y exhibidores, y si es este el camino de futuro para la rentabilidad de películas pequeñas, independientes y periféricas (hablamos de una producción valenciana hablada en valenciano, catalán y castellano) a las que tanto trabajo les cuesta encontrar un hueco en las pantallas comerciales.

A la espera de conclusiones, nos toca aquí hablar de sus calidades y valores cinematográficos, unos valores que lo son también teatrales, habida cuenta que se trata de una auto-adaptación de La Gent, la obra de teatro de Juli Disla y Jaume Pérez, que no esconde en ningún caso su origen y su estructura bajo la dirección del debutante y premiado cortometrajista Álex Montoya (Lucas).  

Como pueden imaginarse, estamos ante una económica apuesta de unidad espacio-temporal para revelar a través de la dinámica del grupo plural las aristas y roces de la condición humana a propósito de una asamblea de incierto contenido y difusa reivindicación en la que el vaciado de referentes (todo está aludido, pero nunca concretado) ahonda más si cabe en su condición parabólica que bien puede valer para hablar de una comunidad de vecinos, de un proceso de secesión independentista o de una reunión sindical o de comité de empresa.

La película lo fía todo pues a ese doble juego (de lenguaje) entre el naturalismo y la metáfora, entre los detalles personales y la carcasa del arquetipo, entre el registro realista de intérpretes (todos bien por lo general, de Francesc Garrido a Greta Fernández), situación, texto y gesto, y ese trasfondo entre beckettiano y fallero que, en cualquier caso y en agradecida ligereza, tampoco consigue trascender del todo el carácter conceptual de la propuesta.