Crítica 'En el corazón del mar'

La tragedia que inspiró 'Moby Dick'

en el corazón del mar. Aventuras, EEUU, 2015, 121 min. Dirección: Ron Howard. Guión: Charles Leavitt, Rick Jaffa, Peter Morgan y Amanda Silver. Intérpretes: Chris Hemsworth, Cillian Murphy, Brendan Gleeson, Tom Holland, Jordi Mollà, Ben Wishaw y Michelle Fairley. Fotografía: Anthony Dod Mantle.

Un muy buen guión de Charles Leavitt, Rick Jaffa, Amanda Silver y Peter Morgan, basado en una apreciable novela de Nathaniel Philbrick, es la sólida base sobre la que Ron Howard construye esta excelente película de aventuras marinas que además es una reflexión sobre la ambición, la crueldad, el heroísmo, los límites de la cordura y la supervivencia. Es la mejor película -junto a EDtv, Cinderella Man, El desafío: Frost contra Nixon y Rush- de su larga, sólida y exitosa pero no brillante filmografía. Con ella logra un desafío: hacer una gran película espectacular de aventuras en la que naturaleza, desafío heroico y supervivencia se entrecrucen. Lo había intentado con la catástrofe (Llamaradas), el Oeste (Un horizonte muy lejano) o el espacio (Apolo 13). Pero ni el fuego, ni los vastos espacios salvajes, ni las soledades espaciales lograron redondear una gran película en la que la fuerza de los elementos conjugada con el instinto de supervivencia del hombre creara un espectáculo tan abrumador como Howard pretendía. Ahora sí lo ha logrado.

Está el magnífico guión de los ya aludidos Leavitt (una sorpresa: su filmografía no invitaba a esperar tanto talento), el matrimonio formado por Jaffa y Silver (de ellos sí cabe esperar mucho tras sus guiones para El origen del planeta de los simios y El amanecer del planeta de los simios) y Morgan (tampoco sorprende su magnífico trabajo: escribió La reina y, para Howard, El desafío: Frost contra Nixon y Rush). La idea de incluir en la película a Herman Melville y la escritura del clásico Moby Dick, en parte inspirada por este hecho real, está bien trasladada de la novela de Nathaniel Philbrick al guión sin incurrir en el museo de cera.

Está la forma en que la aventura real que inspiró la obra maestra literaria se va tiñendo con una cierta densidad dramática se convierte en el rasgo más noblemente melvilliano de esta película de gran espectáculo y asombrosos efectos especiales muy bien insertados en las imágenes reales. Por lo demás esto no es Moby Dick, sino la historia que la inspiró. Y aquí los temas metafísicos ceden el paso a la pura y dura ambición y a la crueldad que es capaz de desatar el instinto de supervivencia.

Y está la extraordinaria fotografía de Anthony Dod Mantle (autor de la dirección fotográfica de Celebración, Dogville, Slumdog Millionaire, 127 horas o Rush) que, en conjunción con los efectos especiales y el diseño de producción debido a Mark Tidesley (colaborador habitual de Winterbotton), sumerge -nunca mejor dicho- en un oscuro, hermoso y primigenio universo que no da tregua entre la amenaza presentida y el terror desvelado. Pocas veces el mar ha sido tan amenazador. La buena banda sonora es del español Roque Baños.

Con estos excelentes elementos Ron Howard construye una de sus mejores películas y la que tal vez sea la mejor aventura en el mar desde Capitán de mar y de guerra y La vida de Pi. Dada la potencia de las imágenes se le habría agradecido una mayor serenidad en el montaje que permitiera disfrutar de los planos tantas veces apabullantes. Las interpretaciones son tan correctas como discretas. No es la construcción de personajes lo que más distingue a esta película. Tal vez porque frente al mar todos sean secundarios.

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