Eduardo Mendicutti. Escritor "La memoria es otra forma de inventar"

  • El autor sanluqueño se inspira en un pasaje de las memorias de Marcos Ana en 'Para que vuelvas hoy', una novela contada con humor y ternura sobre los amores secretos que recordamos

El narrador Eduardo Mendicutti (Sanlúcar de Barrameda, 1948). El narrador Eduardo Mendicutti (Sanlúcar de Barrameda, 1948).

El narrador Eduardo Mendicutti (Sanlúcar de Barrameda, 1948). / Juan Carlos Vázquez

Leyendo Decidme cómo es un árbol, las memorias de Marcos Ana, el poeta que estuvo encarcelado desde 1939 hasta 1961, Eduardo Mendicutti quedó impresionado con un pasaje, una escena en la que el hombre, al fin libre y ya con 42 años, hace por primera vez el amor con una mujer. Consciente de la fuerza de ese momento, el autor de Los novios búlgaros y El palomo cojo decidió dar voz a esa prostituta que pasó la noche con aquel preso político que hasta entonces no había conocido el cariño. En Para que vuelvas hoy (Tusquets), Mendicutti escribe con su ternura y humor habituales una novela sobre los amores secretos y el refugio de la memoria.     

-Tras ese encuentro, Marcos Ana le deja a esa mujer un ramo de flores y una nota: "Para Isabel, mi primer amor". Es muy emocionante esa historia.

-En sus memorias, Marcos Ana le dedica apenas media página, pero es un episodio muy bonito. Él entró en shock y ella lo trató con mucho cuidado. Yo investigué poquísimo, supe que ella se llamaba Isabel Peñalber y descubrí también que Marcos Ana contaba aquella escena de distintas maneras. En el libro, en un programa de radio o en una entrevista ofrecía variaciones, daba detalles que no siempre coincidían. Eso me permitía acercarme a ese hecho y contarlo desde el punto de vista que me faltaba, el de la mujer, Isabel, Isabel Peñalber, que no sé quién era y que me he inventado.

-Su protagonista lleva con mucha dignidad su oficio: "Yo no soy una señora ni falta que hace", dice. "Puta, eso es lo que he sido. Y a mucha honra".

-Ella es muy franca sobre su vida, aunque al final de la novela admite que algunas cosas las ha contado mejoradas, que adornó su historia al decir que ella elegía a los hombres con los que se iba, que siempre eran chicos estupendos. Ahí entran en juego la dignidad de cada uno y el respeto por las decisiones que toma. Es un tema complicado, pero me voy a meter en un jardín: no es que yo esté a favor de la prostitución, no es verdad, pero sí respeto las decisiones de los demás y pienso que a esas mujeres no hay que castigarlas sino apoyarlas. Hay un grupo dentro del feminismo que aboga por la abolición, y otra corriente que asume que eso existe y lo que quiere es ayudar en aspectos sanitarios, derechos laborales, a esas mujeres. Yo estaría en ese lado. Isabel decide que ese es su oficio y lo lleva con la mayor gallardía posible.

-Para que vuelvas hoy no es sólo la crónica de ese encuentro. Es un relato coral, una historia de perdedores donde destacan personajes como La Peineta.

-Cuando cuentas unos años de vida de un personaje estás contando inevitablemente unos años en la historia de este país. Toda vida es también una biografía colectiva. Ella, que ha sido testigo de momentos durísimos, como el fusilamiento de su padre, está rodeada de gente que lo ha pasado muy mal. Su padrino, La Peineta, refleja cómo eran muchos gays entonces. Y esta vez el relato lo hace ella, alguien que no estuvo entre los vencedores, porque la historia la contaron los poderosos. Los escritores tenemos la obligación de darles voz a aquellos que no la tuvieron.

"Cuando cuentas unos años de alguien estás contando los de un país. Toda vida es una biografía colectiva"

-Fernando [el nombre real de Marcos Ana] le dice a Isabel que la Guerra Civil fue "muy fácil" en la provincia de Cádiz. ¿Está en lo cierto?

-Todos te dirán eso, que las tropas franquistas entraron sin demasiada resistencia, pero, ¿cómo vas a contarle eso a los familiares que perdieron a alguien? Leí un librito de Manuel Barbadillo, Excidio, sobre la Guerra Civil en Sanlúcar de Barrameda. Cuenta lo que ocurrió día a día, con los fusilados de cada jornada. Manuel Barbadillo era un bodeguero, un hombre de derechas, eso no lo puedes evitar, pero la obra tiene rigor y el valor de detallar las personas que fueron asesinadas. Las encerraban en el Castillo de Santiago, como explico en la novela, y las llevaban al campo para matarlas. Dile tú a los familiares que la guerra fue fácil, que fue coser y cantar, que aquí no hubo problemas. 

-Una historia curiosa que recoge el libro es que en el Castillo de Santiago se oyen voces inexplicables y suceden fenómenos extraños, algo que atrajo la atención de Iker Jiménez.

-Sí. Un día vi ese programa sobre las voces que se oyen en el Castillo de Santiago y me quedé muerto, no tenía ni idea de ese asunto. Después pregunté en Sanlúcar y todo el mundo conocía esa historia. Yo soy muy incrédulo, aunque es verdad que cuando vas al castillo escuchas ruidos y te preguntas: ¿Eso qué será? [ríe].  En ese programa intervenía una chica que trabajaba allí y enseñaba una foto de las personas que habían estado encerradas en el castillo. Uno de ellos me despertó interés y decidí convertirlo en el padre de Isabel.

"Alguna gente convierte la fidelidad a sus ideas en intransigencia. Hay mucho puritanismo"

-En la nota final de Para que vuelvas hoy asegura que es una novela “en apariencia, sólo en apariencia” muy alejada de lo que ha hecho. ¿En qué se diferenciaría y en qué se parecería con respecto a sus obras anteriores?

-La novedad mayor es que utilizo la voz de una mujer, hasta ahora solían ser hombres gays los narradores. Hay otros libros donde la protagonista es una mujer, apenas dos, creo, pero estaban contadas en tercera persona. Y no nos engañemos: Isabel se parece mucho a otros personajes míos. Está en esa familia de gente marginada, que tiene coraje pero no tiene dónde agarrarse para seguir viviendo. Gente a la que le falta cobertura, cobertura emocional incluso. Son personas con una extraña dignidad, que utilizan el humor para sobrevivir y que encuentran en la memoria un refugio. La memoria es otra forma de inventar y a través de ella, a menudo, acabamos siendo compasivos con nosotros mismos.

-Define el libro como "un alegato contra todos los puritanismos, vengan de donde vengan".

-Es que yo odio los puritanismos. Algunos tenemos las ideas más o menos claras e intentamos ser fieles a esas ideas, pero cuando intentas llevar tus convicciones a los demás, te empeñas en que comulguen con lo que piensas, esa fidelidad se convierte en intransigencia. Hay muchos más puritanismos aparte del religioso. En lo lingüístico, por ejemplo, te encuentras con quien se burla de alguien por su forma de hablar, que considera determinados registros incorrectos o inadmisibles en determinados ámbitos. Pasa a menudo con los andaluces, y a mí me encanta esa forma de expresarse, que es muy rica. Si hay algo que me atraiga de un personaje precisamente, que me haga meterme en él, es su manera de hablar.

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