La sombrilla japonesa y otros textos | Crítica

El arte nuevo nos sonríe

  • La editorial Ulises rescata el único poemario de Isaac del Vando Villar, un 'raro', largo tiempo olvidado o menospreciado, que desempeñó un papel de primer orden en la aventura del Ultra

Isaac del Vando Villar (1890-1963) retratado por el pintor uruguayo Rafael Barradas. Isaac del Vando Villar (1890-1963) retratado por el pintor uruguayo Rafael Barradas.

Isaac del Vando Villar (1890-1963) retratado por el pintor uruguayo Rafael Barradas.

A medio camino entre los últimos coletazos del modernismo y la eclosión de lo que los manuales de literatura llamarían la generación del 27, el ultraísmo puede atribuirse, si no una nómina tan prestigiosa o un impacto perdurable más allá de la tercera década del siglo, el honor de haber abanderado la primera manifestación orgánica de la vanguardia –Ramón Gómez de la Serna, el claro precursor de los ismos, fue siempre por libre– en el ámbito de la lengua española. La historia del movimiento, bautizado por Rafael Cansinos Assens, es inseparable de las revistas entre las que Grecia, dirigida en sus dos etapas (1918-1920) por el también sevillano Isaac del Vando Villar, ocupa un lugar principalísimo como plataforma de lanzamiento de la nueva estética. En ella aparecieron la mayoría de los poemas que formarían parte de su única entrega en verso, La sombrilla japonesa (1924), título ya legendario que fue prologado por un íntimo amigo y probable colaborador, Adriano del Valle, quien definía a Del Vando, aludiendo al célebre funambulista francés, como "intrépido Blondin del Ultra".

Sin romper con el imaginario modernista, el libro resumía los rumbos transitados por los poetas de 'Grecia'

Al cuidado de dos reconocidos estudiosos del periodo, José María Barrera y Rogelio Reyes, la reedición se acompaña de otros textos de Isaac del Vando publicados en Grecia y de una exhaustiva introducción donde los editores reivindican al autor, habitualmente desdeñado por sus excentricidades, y caracterizan los rasgos novedosos del poemario, que sin romper del todo con el imaginario modernista resumía buena parte de los rumbos transitados por los poetas de Grecia o la posterior y efímera Tableros, asimismo dirigida por Del Vando: el orientalismo, los haikus, las metáforas rompedoras, un humor no siempre deliberado, el gusto por las greguerías a la manera ramoniana, pero también los tonos neopopulares que harían fortuna entre los autores del 27. "En los espejos de tu cara / el arte nuevo nos sonríe", dice Del Vando en el poema dedicado a Sonia Delaunay, la gran pintora simultaneísta. Más allá de su ingenuidad y de su retórica, a caballo entre dos tiempos, esa sonrisa ya centenaria sigue reflejando el encanto, la saludable iconoclasia y la eterna juventud de la aventura ultraica.

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