La pelota de papel

El Cholo perfecciona la tercera vía

  • Tras insinuarlo en la Supercopa ante el Barça, el Atlético confirma en el Bernabéu que su progresión lo puede llevar a ser alternativa. El nivel de Diego Costa ya solapa su mala imagen.

El Atlético volvió a sentar sus reales en el feudo del más Real de todos, el Real Madrid. Por fe, por carácter y, sobre todo, por fútbol. El coloso blanco trataba de reaccionar con su proverbial orgullo y su casta de campeón. Pero hasta los jueces son cada vez más conscientes del estrato competitivo al que ha llegado el coriáceo ejército de espartanos que ha cuajado Simeone. El argentino ha diseñado su plan sobre la piedra angular de jugar al límite del reglamento, como él hacía cuando era jugador. Ha contado con la aquiescencia arbitral para que su meritorio proyecto tomara vuelo... y en el Bernabéu fue más allá: Mateu Lahoz se llevó la mano al bolsillo para mostrar la segunda amarilla a Diego Costa, pero apareció Arda Turan, que agarró la muñeca del colegiado, evitó que alzara el brazo y, en esos segundos, logró que el trencilla se lo pensara. ¿Qué le pasó por la cabeza a Mateu para rectificar sobre la marcha? Quizá la impresión de que este Atlético, guarecido en las Termópilas, es capaz de mirar de tú a tú al dubitativo Real Madrid de Ancelotti y hasta al prosaico Barcelona de Martino, que recolecta más puntos que fútbol por ahora.

No hace falta verlo tan cerca como lo hizo Mateu. Desde la grada o desde el sofá de casa, el Atlético de Madrid se aparece como un equipazo de una pieza. Un prodigio de sincronía defensiva. ¿Que Godín, Mario Suárez, Gabi y Diego Costa rascan tobillos con más permisividad que si jugaran en el Betis o el Málaga? Probablemente. Pero esto es fútbol, una selva donde siempre hubo clases. Hay que convivir con ese defecto de fábrica, como tantos otros.

Muchos pronosticaban que, precisamente por ir con el pecho hinchado al Bernabéu, por ir incluso de favoritos, el Atleti iba a ser fiel a su historia de vaivenes. Pero Simeone ha elevado la fiabilidad de su tropa al extremo de borrar ese estigma, como si fuera una barra menos en el escudo.

Era el examen definitivo. La final de Copa que conquistó hace unos meses al vecino en su casa fue una sorpresa. Lo del sábado era otro examen. Y con más presión. Y volvió a aprobarlo con nota. Ni un pero a su victoria en Chamartín, con lo difícil que es que no brote un solo argumento en defensa del Madrid en estas situaciones.

Jamás encadenó un siete de siete en el inicio de una Liga, y vino a hacerlo al mismo tiempo que el Barcelona. Desde la 87-88 (Real Madrid) no lo lograba nadie en el campeonato. Otra medalla más para el Cholo, que tiene varias muy preciadas -además de su Liga Europa, su Supercopa de Europa y su Copa del Rey-: enlazó 23 partidos seguidos sin perder, la mejor racha del club, en la 2012-13, y también 16 victorias consecutivas en competición europea, la mejor de la historia.

Los focos, para los otros

Simeone, tan listo en la sala de prensa como en el área técnica, huye de presiones innecesarias cuando le plantean si ya miran a la cara a los dos grandes. No lo acepta. Sabe que su baza radica en permanecer en el segundo plano, agazapado. Y que los medios sigan enfocados en el pleno del Barça de Martino a pesar de su fútbol opaco, por un lado, y en el rompecabezas que es hoy el Madrid de Ancelotti, a cinco puntos ya de los azulgrana... y de los colchoneros.

La versión 3.0 del Atlético de Simeone es muy parecida a la anterior. Cambien a Falcao por Villa en la alineación. Dicho así, debiera ser peor. Pero hay mucho que puntualizar: el sistema defensivo, que apenas concede contragolpes, está cada vez mejor ajustado; con la pelota, Arda y Koke conforman un fabuloso surtidor; y arriba, Diego Costa tapa el vacío de Falcao: 8 goles en 7 jornadas. Y mucho juego. Tanto, que Del Bosque puede abrirle la puerta al brasileño. Tantas virtudes exhibe, que son capaces hasta de blanquear su sucia imagen.

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