José Miguel Morales | Profesor de Ciencias de la Salud e investigador “El gran reto del servicio de salud se llama cronicidad”

  • El profesor e investigador de la UMA considera que 2021 será todavía un año marcado por la pandemia

  • Ante ese escenario, la protección de los mayores es esencial. Pero España dedica un 0,7% del PIB cuando la media de los países de la OCD es de un 1,4%

El profesor e investigador de la UMA José Miguel Morales. El profesor e investigador de la UMA José Miguel Morales.

El profesor e investigador de la UMA José Miguel Morales. / Universidad de Málaga

De las 37.000 muertes de mayores debidas al Covid, casi 21.000 se han producido en las residencias, por lo que la investigación en este campo es fundamental. El profesor titular acreditado catedrático de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UMA, José Miguel Morales, junto con el director de la Unidad de Residencias en Málaga y el jefe de medicina interna del Hospital Regional consiguieron más de un millón de euros de financiación del Instituto de Salud Carlos III para un ensayo clínico sobre el efecto preventivo de la hidroxicloroquina en mayores.

–¿Son los profesionales los que están metiendo el virus en las residencias?

–Sí, el problema lo tenemos ahora mismo ahí. Hay una gran cantidad de portadores del virus asintomáticos. En algunos estudios se han identificado hasta un 56% de asintomáticos. Estos profesionales tienen que asistir a estos mayores institucionalizados y si no saben que tienen el virus se provoca la tormenta perfecta. Según los análisis hechos en Andalucía, cada profesional puede llegar a contagiar a tres residentes. Pero se une otro ingrediente, la transmisión cruzada.

–¿Cómo se produce esta transmisión cruzada entre residentes?

–En la población residente hay mucho deterioro cognitivo, demencia y es muy difícil que mantengan las medidas de aislamiento y restricción de movimiento. También se hacen muchas actividades grupales y en ellas el contacto es muy frecuente. Y tercero porque hay muchas residencias pequeñas que estructuralmente les resulta muy difícil hacer circuitos independientes donde no tenga contacto contaminados y sanos. Si mezclamos todo esto tenemos lo que ha ocurrido. Además, en la primera oleada hubo una falta muy grande de equipos de protección individual y de test.

–¿Y cuál es la forma de blindar la residencia?

–Pues la única forma de evitar un contagio masivo es procurar que, si entra, no progrese. En las residencias la única opción que teníamos era farmacológica o estructural, reordenando la disposición de los residentes. La idea del ensayo clínico es combinar un fármaco, la hidroxicloroquina, pero no como tratamiento sino como prevención, que es muy distinto, con una serie de puntos de verificación que ayudaban a prever los riesgos. Esta idea la pusimos en un proyecto y la enviamos al Instituto de Salud Carlos III. Nuestra idea era hacerlo solamente en la provincia de Málaga pero les gustó la propuesta y quisieron que se hiciera en toda España.

–¿Se comprobó la eficacia del preventivo?

–Poner en marcha un ensayo de esta envergadura no es fácil. Hay que incluir en la muestra casi 2.000 sujetos, participan casi 40 investigadores de cuatro comunidades, aleatorizamos 84 residencias. Somos muy obsesivos para que el ensayo tenga el máximo rigor. Con la Covid se ha vuelto loco el mundo de la investigación, hay tantísimas ganas de obtener resultados que se están publicando cosas con un rigor que no es el requiere la ciencia y no queríamos eso. Usamos el diseño más riguroso que hay, el triple ciego aleatorizado, habrá residentes que reciban la hidroxicloroquina y otros un placebo. Eso nos llevó un tiempo organizarlo y cuando estábamos listos para empezar la curva epidemiológica comenzó a bajar y se produjo en ese momento la ola mediática sobre este fármaco, esos estudios falsos publicados que decían que aumentaba la mortalidad, etc. Esto hizo que muchas residencias se asustaran y no quisieran entrar en el ensayo.

–¿En qué punto está ahora mismo?

–Estamos en la fase de reclutamiento, le quedan todavía varios meses. En el sentido metodológico no tenemos prisa, queremos hacer las cosas bien, en el epidemiológico sí, ojalá mañana tuviéramos las respuestas. Pero esto tiene su tiempo, no podemos poner la carreta delante de los bueyes. La hipótesis del estudio es que si se administra muy precozmente la hidroxicloroquina, nada más que han tenido contacto, y se establecen esas medidas de reordenación, la infección no correrá tanto ni llegara a niveles de transmisión vírica que estamos viendo ahora. Pero todavía tenemos que confirmarla.

–¿Qué va a pasar con la vacuna?

–Toda la sociedad estamos esperanzados con esa vacuna, pero los ensayos clínicos necesitan su tiempo y queremos una vacuna efectiva, que disminuya las tasas de infección, y segura. El problema es que en la mayoría de ensayos los mayores de residencias no entran, por lo que la aplicabilidad de la vacuna al colectivo sigue siendo un desafío muy importante. Auguro que todavía nos faltan muchos meses. Por eso es tan importante la hidroxicloroquina, que es un fármaco barato, seguro si se utiliza bien, y muy accesible. Si como estrategia preventiva tiene efectividad, podría ser una solución enorme para el problema de la pandemia en las residencias.

–¿Va a traer algo bueno la pandemia?

–Traerá cosas buenas, pero por tocar fondo. Esta pandemia nos esta enseñando muchas cosas, algunas de ellas ya las sabíamos, pero no las queríamos ver. El gran reto de nuestro servicio de salud se llama cronicidad. Los pacientes crónicos y dependientes son los que están siendo arrasados por la pandemia. Vamos a tener que acelerar a la velocidad de la luz modelos centrados en la cronicidad. Espero que se haga una profunda reflexión sobre la atención que estamos dando a nuestros mayores.

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