José carlos Plaza | Director de ópera y teatro "Sólo le pido al público que disfrute"

"Sólo le pido al público que disfrute" "Sólo le pido al público que disfrute"

"Sólo le pido al público que disfrute" / Manuel Aranda

"Trabajador", como él se define, nació en Madrid. Licenciado en Derecho y Psicología, se forma en interpretación y dirección con William Layton y Miguel Narros, entre otros. Al principio estudió muchísimo para ser actor, pero luego la vida le condujo a la dirección. Ha dirigido unos 150 espectáculos entre óperas y obras de teatro y ha recibido entre otros el Premio Nacional de Teatro, Premio Mayte y Fotogramas. Una larga, larguísima carrera sin aficiones más fuertes que la del amor a su nieta. Una "personita" que le está centrando su vida.

-Un buen clásico nunca pasa de moda. A usted le encantan, además.

-Pues sí. A mí me gusta trabajar mucho sobre textos que tienen ya una dramaturgia y una fuerza probadas. Me gustan mucho porque voy muy seguro.

"El desgarro, la vanguardia, la capacidad de ir por delante de Valle-Inclán para mí son excepcionales"

-Han arrancado en el Teatro Villamarta de Jerez la gira nacional de Divinas palabras, de Valle-Inclán. ¿Por qué eligió esta obra?

-Bueno, pensamos que hablar de España como hace Valle-Inclán, que habla de una parte como un charco, donde se pueden ver todas sus virtudes y sus defectos, pues era un buen momento. Y ya hacía tiempo que había trabajado en la obra, tenía muchas ganas de hacerla.

-¿Son inmortales los esperpentos de Valle-Inclán?

-Sí, sí, inmortales. Lorca tiene una aureola poética excepcional y por todo lo que pasó políticamente, su obra pues es una maravilla poética. Pero la fuerza de Valle-Inclán y el desgarro, la vanguardia y la capacidad de ir por delante son ejemplares, maravillosos. Para mí es excepcional.

-En sus montajes, ¿qué prevalece, el texto, la adaptación a los tiempos, los personajes...?

-El texto. Siempre, por encima de todo, para mí el texto es la base y el final. Y sobre eso se desarrolla el trabajo. Pero el texto está por encima de todo.

-¿Ha tenido la tentación alguna vez de hacer algún cambio, un arreglo?

-En este caso, en Divinas palabras, he hecho un cambio en el texto aunque el público no lo nota, y es que he introducido acotaciones. Los actores dicen sin que se note lo que él (Valle) pone en las anotaciones de la obra.

-Usted dice que el trabajo también ha sido muy duro en el escenario, para los actores, que desempeñan numerosos papeles.

-Sí. Ellos hacen todo el juego escénico a través de un telar antiguo, suben y bajan el decorado, y luego es que cada uno hace diez personajes. Un trabajo enorme, enorme, enorme.

-Le atraen mucho los movimientos escénicos corales. Rizar el rizo.

-Bueno, no te creas que es una dificultad mayor trabajar con más personajes. Lo que se gana en espectacularidad y en movimiento escénico, a veces se pierde en la profundidad que tienen las sesiones de dos y tres actores. Siempre intento dar espectacularidad a las escenas de dos o tres y dar profundidad a las colectivas.

-El trabajo de luces también es una parte muy relevante en su dirección.

-Sí, pero es Francisco Leal, que lleva trabajando conmigo 30 años y él es capaz de sacar de un foco ocho luces. Es un genio total de la iluminación teatral.

-Usted sólo se rodea de genios, desde el texto hasta las luces...

-Bueno, y dos genios mayores, el músico Mariano Díaz y el figurinista Pedro Moreno. Son dos grandes, grandes.

-¿Qué es más difícil de reflejar en una obra, la realidad de los tiempos o la muerte?

-Buf, la muerte siempre es una incógnita para todos. Está ahí presente pero nunca podemos verla a no ser que sea un auto sacramental en el que aparezca la muerte como personaje. Siempre la muerte o cualquier tipo de sentimiento, sea ancestral o de cualquier tipo de acontecimiento en la vida, se representa por lo que produce en nosotros no por lo que es. Es muy fácil cuando tienes grandes actores porque a través de sus reacciones puedes captar lo que es la muerte, en este caso, para Valle.

-¿Cree que la presencia de actores conocidos como ocurre con Divinas palabras, con María Adánez o Ana Marzoa, entre otros, acercan más al gran público obras clásicas como esta de Valle-Inclán?

-A veces hacen falta. Los textos desconocidos hacen falta que estén apoyados por actores con mucho renombre. En este caso, no hacía falta, no estaban por el nombre, sino por la calidad y porque son actrices ideales para hacer estos papeles.

-¿Qué proyectos tiene a la vista?

-Pues ahora voy a hacer un Prometeo en versión de Luis García Montero en el Festival de Mérida.

-¿Qué le pide al público que va a ver sus obras?

-Siempre le pido que vuelva a su capacidad de niño, a la fiesta lúdica del teatro, a que se deje sorprender y a que disfrute por encima de todo.

-¿En qué punto está el teatro en España?

-Lleva unos años con una enorme presencia y una enorme potencia en la sociedad. Hay una gran cantidad de gente joven creativa haciendo espectáculos de una índole o de otra. Es un momento en el que hay una gran variedad y una gran capacidad creativa, eso a pesar de no estar apoyados.

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