Elisenda Roca | Periodista y escritora “Hay alguno que aún nos quiere invisibles y silenciosas”

Elisenda Roca. Elisenda Roca.

Elisenda Roca. / Lisa Pram

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Elisenda Roca (Barcelona, 1963) fue el primer rostro de una cadena privada que pasó a TVE, en 1991, cuando el modelo actual estaba en mantillas y no existían trasvases de presentadores. Es una anécdota en la apretada trayectoria en los medios de esta periodista que también ha sido directora teatral. En su prolífica creación literaria figuran títulos infantiles y también divulgativos como ¿Qué puedo comer si estoy embarazada?, además de los recientes relatos de Dos mujeres desnudas (Suma de Letras), con Maria Ripoll.

–No sé si le molesta que recordemos cuando usted comenzó en TV con Antena 3, allá por 1990.

–Allí en San Sebastián de los Reyes sólo estaba aquella nave industrial. Empezamos con los platós inacabados, pero nos podía la ilusión. Era un honor trabajar al lado de Mayra Gómez Kemp. Los jovencillos al lado de los superveteranos.

–Usted estaba en Antena 3 Radio, en Barcelona.

–Debí gustarle a los jefes. Yo había estado también en Radio Juventud. Dirían “vamos a probar con esa chica”. Me presentaron al jefazo de la empresa de los concursos de La ruleta y Los segundos cuentan. Como chica de la periferia le caí bien y me dijo: “Yo mantengo mis raíces: nací en el Bronx y los trajes los sigo llevando a la tintorería de mi barrio, aunque viva en Los Ángeles”.

–Y todo el mundo la recuerda por Cifras y letras.

–Fue el primer concurso de La 2 que competía con el Telediario 1.Pensé en que era una locura, pero el formato me gustaba. No pude estar más feliz en aquellas seis temporadas. Recibí el cariño de la gente que sigo sintiendo a día de hoy.

–¿Dónde ha estado durante tantos años, después?

–Trabajé en radio para Cataluña, también en TV3. Fui madre, trabajé en una cadena local de Barcelona, BTV. Escribo mucho y en RNE colaboro en Gente despierta, hablando de tele.

–¿Y echa de menos salir en la tele?

–No, y hace falta, como en el cuento del vestido del emperador, que se le diga a ciertos presentadores que la televisión es un trabajo como otro cualquiera. Hay algunos que viven en una burbuja y enloquecen por salir, o por no salir. La presentación de programas es un trabajo con el que me sentía cómoda porque soy una mujer de equipo. Yo valoraba que sin el equipo no era nada. Y no era falsa modestia, sino inteligencia. Por ti solo no vales nada.

–¿Qué le parece la información que nos ha ido llegando estos años desde Cataluña?

–La veo con mucho relax. Hay mucho infoshow y muchas ganas de intoxicar por todas partes. Se exagera toda la información.

–¿Qué recomendaría hacer con el llamado problema catalán?

–Lo mejor para superar el miedo y la ignorancia de lo que ocurre es ir al lugar. La gente en Cataluña sigue viendo a los amigos y cada uno vota lo que quiere. Hay partidos muy huecos que han basado la campaña en la catalanofobia y al contrario. No se han hecho las cosas bien por ninguna de las partes.

–Su última criatura es un libro de relatos, Dos mujeres desnudas, con Maria Ripoll.

–Algún relato me hizo sufrir. Este libro es como la vida: son historias de mujeres anónimas, no heroínas. Son imperfectas, reconocibles. Son mujeres de ficción muy reales.

–¿Cómo se organizó con su coautora?

–Lo que hice con María fue dibujar, esbozar cada tema, con 27 relatos por 27 letras del alfabeto. Los poníamos en común, releíamos, rectificábamos. María es muy visual.

–¿Han trasladado muchas de sus propias experiencias?

–Más que de nuestras vivencias hablamos de historias cercanas. Queremos que el lector se sienta que va entrando en la intimidad de estas mujeres. Como dice el título, todas ellas se comportan con total libertad. Actúan de manera desinhibida.

–¿Han existido demasiadas deudas con las mujeres?

–Las mujeres siempre han estado marcadas, desde que nos agujereaban las orejas sin pedir permiso. El problema más que el de estar marcadas por los tópicos ha sido el de la invisibiildad. Fueron muchos años de reclamaciones hasta que se ha empezado a tomarnos en serio de verdad. No es cuestión de discriminar a nadie. En esta sociedad podemos convivir todos sin problemas. Pero la gran deuda ha sido la de ser invisibles. Tengo un amigo que está recuperando nombres femeninos de la historia. Hay muchos nombres por recuperar de grandes mujeres que fueron relegadas a la invisibilidad y el olvido.

–¿El feminismo se ha convertido en un problema en sí mismo?

–Se ha malentendido en muchas ocasiones. Se eleva al feminismo como un miedo. Cuando se quiere machacar al feminismo, y a las mujeres, se les pone adjetivos. Todos deberíamos ser feministas, hombres y mujeres. Hay hombres que se han asustado con algunos cambios justos que se han acelerado. Pero se ha confirmado en los 8 de Marzo que no hay marcha atrás. Esos hombres que nos critican también tienen hijas. Hay quien aún nos quiere invisibles y silenciosas.

–¿Hay incomodidad cuando se lanza un piropo?

–El piropo no es el problema, es el fondo de un problema en determinadas circunstancia. Es una cuestión de respeto. En el piropo a una desconocida hay cierta amenaza. Lo que ya no se puede consentir son esos grupos profiriendo frases a una mujer por la calle.

–¿Es machismo si le abren la puerta y le ceden el paso?

–Es educación. Si es un gesto que harías tanto con una mujer como con un hombre, es cortesía, no machismo.

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