Análisis | Discurso de Navidad del Rey

El Rey, con la juventud 'republicana'

  • Felipe VI se dirigió especialmente a las últimas generaciones, el sector de la población que se muestra más refractario a la Monarquía más allá de las ideologías

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El de esta Nochebuena ha sido el mensaje navideño más esencialmente demoscópico del Rey de España, tanto del emérito como de su sucesor impepinable, según dicta ese toque machista que refulge en la Constitución, el que establece la primacía del varón como Heredero de la Corona y que ha desplazado a un lugar secundario de la historia a la infanta Elena, algo que no ocurrirá –se supone– con doña Leonor, destinada –se supone también– a tomar el testigo de Felipe VI.

El discurso de Nochebuena del Monarca se celebraba en Nochevieja con Franco. Nada que ver. Las libertades en tiempos del dictador estaban maniatadas y de la noche de la dictadura hemos pasado a la claridad de la democracia. No obstante, ambas alocuciones guardan la gran semejanza de que están repletas de lugares comunes y hay que hilar muy fino para sacar un titular que no se haya repetido decenas de veces. Cosas de ser el que decide por todos (la momia) y de la neutralidad debida, respectivamente.  

Pero esta vez el discurso desde el Palacio de la Zarzuela ha orbitado sobre dos soles. Uno de ellos nos lleva calentando desde hace años hasta el punto –por muchos balones que eche fuera el Govern– de achicharrar la convivencia. Por eso, la alocución del Monarca llevó acento catalán (implícito, pues la palabra Cataluña no salió de sus labios, que se limitaron de forma explícita a desear Bon Nadal) tan retóricamente razonable como siempre. Pero en esta ocasión estaba más acompasado con los nuevos tiempos hasta el punto de que incluso obtuvo una relativa buena acogida entre las filas republicanas –el otro sol sobre el que giró discurso, aunque en este caso es el astro rey el amenazado con un eclipse total– a las que iba oportunamente dirigido. "El Jefe del Estado ha hecho un discurso que incluye claves interesantes y aciertos que reconocer". Palabra de Pablo Iglesias, aunque del líder de Podemos no se había apoderado del todo el espíritu navideño hasta monarquizarlo, pues su reflexión con el dichoso tuit sobre el tradicional mensaje del Rey en Nochebuena la completó recordando que "viene de una institución que difícilmente puede responder a los anhelos democráticos e igualitarios de los españoles".

Respaldo menguante a la Monarquía

No es que Felipe VI intentara que Podemos abjure de sus ideales. Esas filas republicanas citadas van mucho más allá de la formación morada. Se trata de la juventud. Según todas las encuestas al respecto, la franja de los menores de 35 años es la que menos respalda a la Monarquía.

Si en Nochebuenas anteriores el Monarca había mostrado su preocupación por los altos índices de paro entre los más jóvenes y por su precariedad laboral, en esta ocasión se multiplicaron las referencias. Así, al reivindicar los logros de la Transición, Felipe VI se acordó de ellos: "A los que no vivisteis aquel tiempo y especialmente a las generaciones más jóvenes, tenemos el deber de haceros partícipes de ese período de nuestra historia".

A partir de ahí, el Rey disparó salvas y salvas en honor a sus penurias: "Sabéis que es muy difícil encontrar trabajo sin una adecuada formación. Muchos la tenéis, pero a veces os veis obligados a ocupar un puesto de trabajo que no es para el que os habéis preparado o que no responde a vuestras expectativas".

La Constitución entroniza "el derecho al trabajo, con una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia". Pero este mandato constitucional, como tantos otros –empezando por el irónico derecho a la vivienda digna mientras los fondos buitre propician cientos de desahucios– se topa con otra triste realidad: hay un 36,3% de paro juvenil y el de larga duración se ha multiplicado por cinco desde 2008.

De los sueldos mejor no hablar. Con remarcar que ser mileurista era deshonroso hace unos años y hoy día colmaría las aspiraciones de muchos jóvenes, está todo dicho. Más datos desalentadores: cuatro de cada diez jóvenes creen que tardarán más de un año en encontrar trabajo. Seis de cada diez ven su futuro fuera de España, que no es país para jóvenes. Los últimos datos del INE muestran cómo se ha disparado el número de emigrantes. Entre 2009 y 2017 el número de residentes en el exterior ha aumentado un 79%, con lo que la cifra de menores de 30 años que han emigrado se ha situado en los 769.845 cuando hace ocho años el número era de 429.406...

Como recordó el Monarca, se trata de unas generaciones que viven la difícil realidad de una sociedad tecnológica vertiginosa, de cambios continuos y acelerados, pero que atesoran conceptos como la solidaridad, la apertura al mundo, la paz, la defensa del medio ambiente; que tienen talento y están comprometidos con las causas sociales.

La empatía con la juventud la redondeó con un mensaje solidario: "Y os tenemos que ayudar a que podáis construir un proyecto de vida personal y profesional, con un trabajo y un salario dignos, a tener un lugar adecuado donde vivir y, si así lo queréis, a formar una familia y poder conciliar con la vida laboral".

Referéndums universitarios

Estos buenos deseos del Rey son oportunos y pertinentes a la vista del estado de cosas: estudiantes de 26 universidades están organizando referéndums para elegir entre entre Monarquía o República desde principios de diciembre hasta el mes de febrero (siguen incorporándose nuevas universidades a la iniciativa, entre ellas la Pablo Olavide de Sevilla). "Se trata de cuestionar a una institución anacrónica y antidemocrática como es la Monarquía", según sus promotores.

La república se asocia en España a la izquierda y la Monarquía a la derecha, aunque lo cierto es que la cuestión está desideologizada. Según los estudios más recientes, es precisamente entre el segmento más joven de la población donde más ha decrecido el apoyo a la Monarquía, por lo que parece más una cuestión de generación. El desapego de la juventud hacia los políticos es creciente y los casos de corrupción (con la inestimable colaboración de Iñaki Urdangarín y la no menos inestimable de Corina Zu Sayn-Wittegensteinno, la entrañable amiga de don Juan Carlos y de la causa republicana) no han hecho más que minar la confianza en unos y otros.

¿Se deben asimilar república y modernidad? No está del todo claro, aunque la elección democrática de nuestros representantes se aviene mal con el principio hereditario sobre el que se sustentan las monarquías. "Yo quiero elegir a mi Jefe del Estado", repica la jaculatoria de Iglesias, que completa su análisis con un caramelo envenenado: "Pienso que el Jefe del Estado tiene una enorme simpatía por parte de los españoles y cuando hable con él, le expondré que tendría muchas posibilidades de ganar unas elecciones como Jefe del Estado".

La Monarquía exhibió esta Nochebuena su instinto de supervivencia con guiños a la incipiente tropa republicana, esos jóvenes que buscan nuevas soluciones con nuevas medicinas.

De Cataluña, del dichoso procés, qué decir. Con su discurso del 3 de octubre de 2017, Felipe VI se ganó la confianza de la mitad de los catalanes y el repudio de la otra, y ni con discursos como los de Manuel Azaña revertirá nunca las respectivas posturas.

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