Jueves de Feria

El cambio de hora ferial

  • Por tercer día consecutivo los termómetros superan los 36 grados, una circunstancia que retrasó la entrada en el Real, que recuperó el mejor ambiente a partir de las seis de la tarde.

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POR tercer día consecutivo la Feria, y por ende sus visitantes, sufrieron ayer las altas temperaturas de este caprichoso mes de mayo, que está rompiendo con estadísticas históricas. De nuevo, el termómetro alcanzó los treinta y seis grados, y la sensación de asfixia en algún momento de la tarde fue importante. Por lo demás, menos gente, al menos en relación a la jornada del miércoles, en las que por algunas calles costaba pasear con facilidad. Sea como fuere o bien el calor o bien esa moda que ha adoptado mucha gente de pisar el Real después de comer (será por aquello de que los bolsillos no están como antes) el ambiente no fue el mismo hasta bien entrada la tarde.

Es comprensible porque a menos que uno se líe la manta a la cabeza y se plante en el Hontoria, lidiar con este calor (y con la legión de polillas que no se ha querido perder la edición de este año) no es nada sencillo. Se vaya de flamenca, con chaqueta, con camisa o con shorts... Sí, porque en esta Feria del Caballo se sigue cuidando, aunque menos que antaño, el vestir. Evidentemente, los tiempos han cambiado, pero aún hay muchos y muchas que abogan por el buen vestir, una cualidad que ha hecho siempre distinta a esta Feria.

Ayer fue también un día de trajes de flamencas. Rojos, negros, verdes, blancos, crudos, estampados, con ramilletes de flores, con más volantes, con menos, con peinecillos de flores...En la variedad está el gusto que diría aquel, y ayer lo hubo a largo y ancho del Real.

Gracias a Dios y a pesar de esa 'invasión' de coches de alquiler de mala calidad, el paseo de caballos aún luce. Ayer lo pudimos comprobar con preciosas amazonas y caballos españoles espectaculares, una circunstancia que engrandece la Feria a pesar del poco mimo que en este apartado se le está dando. También se dejó ver por el paseo algún que otro carruaje a la cuarta y cinco a la larga con guarnición a la calesera, sin duda el mejor ejemplo de lo que se puede ver en Jerez.

Pero la Feria es de contrastes y ese contraste se puede comprobar unos metros más allá, en La Rosaleda, donde cada día cientos de jóvenes preparan su entrada en el Real con los clásicos botellones. Es como una previa a la entrada en las casetas, "porque si no se nos va una pasta", contaba uno de ellos mientras echaba el hielo en un vaso de plástico. Contrastes ofrece también la denominada zona de atracciones, casi desierta hasta bien entrada la tarde. "Aquí sí que pega el sol, es normal que no haya movimiento hasta por lo menos las seis", decía uno de los responsables de una de ellas. Hasta vendedores de agua y latas heladas hicieron el agosto por esta zona, en las que con el asfalto caldeado viene que ni de perlas algo fresco para el gaznate.

Así las cosas, la Feria encara su recta final, y se asoma a sus días grandes, hoy y mañana, con mejor tiempo, al menos eso dicen las previsiones que sitúan el termómetro entre los 29 y 31 grados. Se agradece.

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