Jerez

Historias de vida después de un ictus

  • Varias de las pintoras que exponen en la sala ArteaDiario relatan en una charla sobre 'Ictus y Arte' cómo sobrellevaron la enfermedad y lo que para ellas significó la pintura en su camino de superación

Bernardo Palomo, Guillermo Álvarez, Purificación Flores, Isabel Rebollo y Rubén Rodríguez, ayer, durante la charla. Bernardo Palomo, Guillermo Álvarez, Purificación Flores, Isabel Rebollo y Rubén Rodríguez, ayer, durante la charla.

Bernardo Palomo, Guillermo Álvarez, Purificación Flores, Isabel Rebollo y Rubén Rodríguez, ayer, durante la charla. / Manuel Aranda

El ictus afecta cada año a entre 110.000 y 120.000 personas en España, 21.000 en Andalucía. Es además la segunda causa de muerte, la primera en mujeres, así como la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto. Son datos de la Sociedad Española de Neurología, que con motivo de la celebración ayer del Día Mundial del Ictus, recordaba que una de cada seis personas sufrirá un ictus a lo largo de su vida y ponía el acento en la importancia de una atención médica inmediata ante la presentación de los primeros síntomas, fundamental para reducir las probabilidades de fallecimiento o de quedar con una discapacidad grave.

Pero ayer en la sala ArteaDiario el mensaje fue de esperanza y de superación. Compartiendo escenario con la exposición ‘Ictus y Arte’ que desde el pasado día 18 de octubre se puede visitar en esta sala, organizada por Diario de Jerez y el Instituto Chárbel para sensibilizar sobre esta enfermedad, el director clínico del Instituto Chárbel, Rubén Rodríguez Duarte, el crítico de arte de Diario de Jerez, Bernardo Palomo, y las artistas Isabel Rebollo y Purificación Flores, así como Guillermo Álvarez, marido de María José Lloret, que falleció hace un año, abordaron el ictus desde los puntos de vista clínico, artístico y personal, sobre todo, de estos dos últimos.

Bernardo Palomo se refirió a las tres pintoras como “personas puras, valientes, con la visión de un horizonte claro, que es lo fundamental en el mundo del arte. Saben lo que quieren y lo expresan como quieren y como pueden, que también es importante. Tienen todos los argumentos para hacer una obra libre. Esos son los caminos por donde debería circular la verdadera creación artística ”.

Rompió el hielo Isabel Rebollo, para quien la pintura y la superación del ictus que sufrió hace cinco años han ido de la mano. “Cuando empezaba a conocer la pintura fue cuando me dio el ictus. Yo he investigado el ictus, me observo a mi misma y parece que no, pero a mí me ha ayudado mucho. Me gusta pensar, pregunto y eso me ha ayudado tanto con la pintura como con el ictus. Me han cambiado la vida y me han hecho otra persona”.

Recordó los cinco años transcurridos, “que se me han hecho cortos, porque he estado pensando, haciendo todo lo que me dicen, todo, por muy duro que sea y eso me ha hecho tirar para adelante”. Con la pintura, le ha ocurrido lo mismo. “Todavía no me creo lo que he hecho”. Lo primero que pintó fue un óleo de flores rosas. “Lo pinté acordándome de mi marido, y me salían colores claros, tranquilos, pero cuando pasó un año, empecé a meterme en el ordenador y a buscar pintores buenos, famosos, pero no tristes. De los rosas pase al azul, al rojo, porque ya estaba cambiando y yo lo sentía. No tengo palabras para expresar lo que han sido estos cinco años pintando”, relató.

Purificación Flores, Puri, es de Cáceres y sufrió un ictus el 16 de abril de 2010, cuando tenía 46 años. Ya estaba operada de corazón y en el hospital escuchó a una doctora que decía: “Es muy difícil que esta mujer salga de esta cama”. Nada más lejos de la realidad. Puri lo tuvo claro desde el primer momento. Haciendo gala de un increíble sentido del humor, contó lo que ha sido su experiencia. “Yo me quedé en una silla de ruedas y sin poder mover un brazo. Mi madre era una pesimista por naturaleza, así que la mandé para el pueblo y a la terapia fui cinco días, y no volví más”.

Una amiga suya médico le llamó para saber qué le había pasado. Le contestó: “Me ha dado como a Marichalar, pero estoy bien porque conozco a toda la gente y sé hablar. Pero tendré que aprender a andar porque como en mi pueblo son todo cuestas no voy a poder volver nunca más”. Su amiga le recomendó el Instituto Chárbel. “Yo les dije: a mi decirme la verdad porque me habrá tocado la pata y la mano, pero el cerebro no me lo ha tocado. Y me dijeron que la pierna un 100% no pero que un 80 o un 90% sí me recuperaría. Llevo tacones desde hace tres años”.

Después del ictus, ya con 54 años, hizo Geografía e Historia por la UNED y aprendió a nadar. En la piscina conoció a una mujer que también había tenido un ictus y pintaba. “Me fui a una academia en Valdelagrana. Lo primero que pinté fue una bañera con una cortina. Me vine para arriba, seguí pintando y cuando pintaba era feliz”. Puri ha regresado a Cáceres. “A día de hoy ya no soy minusválida, la mano un poco tonta pero ya está”.

Bromeó Guillermo Álvarez, viudo de María José Lloret, por la coincidencia con alguno de los comentarios de Purificación. “A mi mujer le pasó un poco lo mismo, también mandó a su madre para casa porque estaba todo el día lamentándose y ella necesitaba a su lado gente que le animara”. Sufrió el ictus en 2002, con 45 años, en un momento en el que no había unidad de ictus en la provincia. “No tuvo una intervención inmediata. Tampoco existía entonces Chárbel. El segundo ictus, que le dio el año pasado, al cuarto de hora ya estábamos en el hospital y la estaban tratando”.

Contó Guillermo que a su mujer le costó 6 o 7 meses ponerse en pie, “pero una vez que pasó el primer hachazo de la enfermedad, ella decía que no podía pensar en lo que le impedía hacer. Antes ya pintaba pero muy poco. Cuando empezó de nuevo tras el ictus, al principio eran cuadros muy infantiles, pueriles, pero el neurólogo le dijo: te va a ayudar. Fue a aprender técnicas para pintar porque le gustaba y era también como un acto social”. Guillermo abundó en la evolución que sufrió su pintura y concluyó que “se sentía muy satisfecha. El arte para ella fue un vehículo para llevar mejor las secuelas, para no quedarse postrada en casa, como les pasa a otras personas”.

Como el director clínico de Chárbel dijo, en la sala ArteaDiario se puede ver más que una exposición de pintura “una exposición de superación” y lo que ayer se escuchó en este escenario fue más que una charla sobre ‘Ictus y Arte’. El crítico Bernardo Palomo lo describió perfectamente: “Han sido lecciones de vida”.

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