En la bodega de La Concha

Lorena Ojeda pone su “alma y corazón” en un pregón “de madre a madre”

  • La pregonera del Rocío triunfó en su debut con una proclamación llena de afecto y verdad 

Lorena Ojeda cantándole a la imagen de la VIrgen. Lorena Ojeda cantándole a la imagen de la VIrgen.

Lorena Ojeda cantándole a la imagen de la VIrgen.

Lorena Ojeda Sacaluga puede darse por satisfecha con el pregón anunciador de la romería del Rocío de Jerez que pronunció ayer. Fue capaz de llegar al público, de transmitir sus sentimientos y vivencias rocieras, esas que descubrió ayer a todos, incluso en gran medida a sus íntimos: su madre, sus mayores, sus vivencias con su gente, su profunda devoción a la Virgen, la verdad de la romería que defiende, las esencias del Rocío que son imprescindibles mantener y heredar las nuevas generaciones de rocieros transmitidas por los mayores, a los que tuvo muy presente en su exaltación. Fue un pregón de corazón y alma, regalos muy íntimos de Lorena. Recordó a su madre, a sus rocíos de la niñez. Un pregón de madre a madre. De ella a la Reina de las Marismas.

La cronología del acto arrancó con el rezo de la Salve dirigida por el dominico José Gil. Fue la misma plegaria que cada día de camino se canta ante el Simpecado por los senderos de Doñana. Antonio Ojeda, ex pregonero y padre de Lorena, presentó a su hija, circunstancia inédita en este acto. Una introducción que fue genial, dando muestra del valor de Antonio en los atriles. Fue a modo epistolar a su esposa fallecida y madre de la pregonera que terminó con versos a modo de oración. Así introdujo a Lorena contando su niñez, cómo nació su rocierismo, los valores que le transmitió. En ese punto, la voz de Josemari rompió de forma maravillosa el íntimo diálogo con una letra de una sevillana de Ojeda: ‘La fuerza de la fe’.

Mirando a la cara a una imagen de la Virgen y sentada en un tocón de un árbol, le habló y rezó en versos a la Señora. Una encomienda que dio paso al pregón, “cógeme de la mano y guíame buena amiga”. Y cara a cara le cantó a esa imagen un palo de sevillana, con mesura, sentimiento y mucha fe. Como si estuviera ante el Simpecado en una noche de camino. Tras ese momento, Lorena contó el camino de Jerez desde la salida hasta la vuelta todo salpicado de versos y recuerdos; de sevillanas y plegarias. En definitiva, un estreno sobresaliente. Fue valiente en cómo se plantó ante el público, sincera, entrañable y ante todo rociera hasta la médula. Hasta cierto punto fue purista en el rocierismo bien entendido, alejando cualquier atisbo folclorista de su ser y agarrando con fuerza las enseñanzas de sus mayores.

La bodega de La Concha, escenario del acto, siguió siendo para el rociero el lugar, el sitio. Este año se vistió de forma especial, evocando aires marismeños, de camino y de Rocío. Desde la decoración floral, con lirios y plantas, hasta elementos como la carreta del hermano mayor, el banderín de camino y una imagen pequeña de la Reina de las Marismas flanqueada de cirios sobre un tocón arbóreo y enfrente otro que sirvió de asiento ocasional a la pregonera. Para alcanzar más realismo, todo el conjunto se plantó sobre arena esparcida por el escenario emulando tierras coteras. Un precioso conjunto que llevaba a los senderos de Doñana en un desarrollo escénico montado al gusto de la pregonera, que consiguió reunir para la ocasión al antiguo coro de la hermandad que recordó de forma genial -no han perdido facultades- en momentos de la proclamación sevillanas y plegarias que nos recordaron tiempos pretéritos de esta formación, que como tal ya no existe y muchas de cuyas letras son creación del padre de la pregonera.

La Concha, donde ayer el batir de abanicos fue una necesidad, une al Jerez rancio y a la tradición rociera; sabe al jerez que se acuna en la media luna de botas con blasones que enseñan la universalidad de nuestros caldos; pero por un día de mayo huele a marisma, pino, lentisco, retama y romero. Allí, el mundo rociero cargó sus sentimientos para la inminente romería. Se llenó de un público expectante por oír a la pregonera. No en vano su elección fue una sorpresa. Y ella sorprendió también con detalles que llegaron a los corazones del auditorio e incluso divirtieron, como el diálogo entre ella y su hermano Álvaro que concluyó con unos versos leídos al ‘alimón’.

Todo terminó con una letanía a la Virgen. Con piropos, peticiones y gracias a la Virgen por “este año que me concedes. Solo decirte que hoy he abierto mi alma. Dame fuerzas para enseñarle a mi hijo el semblante de tu cara”. La Salve de Antonio Gallardo puso el epílogo, como tenía que ser.

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