El Rebusco

El jerez, un vino con muchas imitaciones

  • Las copias del original. El Sherry Case se vio en los tribunales en en el año 1967

Portada del libro Sherry in South Africa.

Portada del libro Sherry in South Africa.

Cuando uno consulta el librito titulado Historias curiosas del vino, de la especialista , Pamela Vandyke Price, la sorpresa es grande cuando lee lo que dice sobre en su capítulo "otros vinos de Jerez": El jerez se elabora exclusivamente en España, pero otros países hacen un vino ligeramente fortificado siguiendo el mismo procedimiento del jerez o del sherry. Son productos que consiguen un alto nivel de calidad y ningún amante vinícola debería abstenerse de probarlos, calificados como sherry en esos países. Algunos son excelente y la mayoría muy aceptables". Incomprensible, viniendo de una persona con tanto conocimiento en la materia.

Y después de expresar esto de los sucedáneos del jerez, veamos lo que dice de las imitaciones del oporto : "En otros países se produce vinos de características similares al oporto, y estas pueden alcanzar mucha calidad, pero desde luego nunca son lo mismo". Y lo es lo mismo, como se ve, lo que opina de uno y otro vino.

Estamos hablando de una publicación editada en el 2004, lo que nos lleva a reflexionar sobre las muchas imitaciones que el jerez ha tenido en diferentes lugares del mundo.

Inglaterra, Australia, Chipre, Sudáfrica, Canadá y California son los países que que más han perjudicado al original. En actualidad, salvo California, los demás han dejado de elaborar estos sucedáneos.

Lo mismo ha sucedido con los de Nueva Zelanda e Irlanda, aunque su producción era menor.

En América latina esta competencia desleal la encabezan Chile, Argentina y México. Aunque hace un par de años se llegó a un acuerdo con México para dejar de comerciar sus vinos de estilo jerez.

Hasta en la Unión Soviética, y en la misma Cataluña, podemos encontrar estas vulgares copias del jerez original.

A tan delicado asunto bien vale la pena darle un "rebusco", ya que normalmente se pasa por él de puntillas.

Max Schubert, el hacedor del jerez en Australia. Max Schubert, el hacedor del jerez en Australia.

Max Schubert, el hacedor del jerez en Australia.

El pleito del jerez

Las imitaciones al jerez venían de lejos. El historiador Tim Unwin, en su libro El vino y la viña (2001), dice que "mucho antes del siglo XIX se venía elaborando en Inglaterra un producto denominado "jerez británico", pero poco o nada se hizo para atajar su lenta pero constante expansión.

Tampoco se actuó contra el misterioso emigrante griego, de nombre Mitsotakis, que en 1905 consiguió dar con la "fórmula" del jerez deshidratando y envasando los "mostos", que importaba desde España y que los volvía a hidratar en el Reino Unido, añadiéndoles levaduras y elaborando un producto con aspecto y sabor parecido al vino de la zona y, sobre todo, con un precio sin competencia: el "British Sherry".

Habrá que esperar hasta 1925 cuando la Sherry Shippers Association, creada en 1910, planteó una demanda a la compañía Pippers Ltd. por comercializar un vino denominado Corona Pale Sherry.

El caso, conocido como Coke versus Pippers tuvo poco recorrido, ya que el el juez consideró que las pruebas presentadas no tenián consistencia y falló a favor de Pippers.

En 1961, con motivo del pleito del Champagne español, vendido en Inglaterra por la compañía Costa Brava Wine, los franceses consiguieron un triunfo al prohibirse el uso de Spanish Champagne. La sentencia creaba jurisprudencia en la legislación británica para estos casos, y los importadores jerezanos consideraron hacer un frente común ante Vine Products, Whiteways Cyder, Jules Duval&Beaufoys, empresas unidas en Showering Group que producían y vendían el 80% del British Sherry en Inglaterra, además de importar los de Sudáfrica, Australia y Chipre.

El intenso proceso, que duró seis meses, dio como resultado el uso exclusivo del término jerez para aquellos vinos originarios del Marco, pero el juez señaló que el jerez británico, o el jerez chipriota, llevaban tanto tiempo sin que nadie hubiera presentado reclamación alguna que era demasiado tarde para impedir su uso. Un decisión salomónica que suponía una victoria pírrica para el sector del jerez.

A pesar de ello, Las imitaciones siguieron vendiéndose, y en 1970 acaparaban casi el 50% en el mercado británico, con fuertes inversiones en campañas publicitarias en revistas, prensa y televisión hasta principios de los `90.

Una presencia que persistió varios años después de nuestra entrada en el Mercado Común europeo, que sucedió en 1985-1986. Clave son los trabajos de la investigadora Eva Fernández García, como Marketing Strategies in Sherry Wine Industry during the Twentieth Century, que se puede consultar en internet.

Según precisa un informe oficial, Canadá reconoció la Denominación de Origen del Jerez-Xérés-Sherry, y el 31 de diciembre de 2012 desaparecieron del mercado todos los vinos que lo imitaran para confundir al consumidor utilizando la palabra "Sherry". Una producción mayormente dirigida a su mercado interior.

El British Sherry y su imperio

Inglaterra siempre ha sido el principal consumidor de los vinos de Jerez, y gran parte de ese vino se repartía desde Londres a otros lugares del Imperio británico. Ante esa gran demanda, que alcanzó su apogeo en la segunda mitad del XIX, fue inevitable que surgieran los intentos para elaborar productos que se asemejaran a nuestros jereces. La llegada de filoxera a finales de siglo XIX provocó que los bodegueros locales no pudieran surtir a sus principales mercados.

A esta situación de crisis se unió la rápida expansión de nuevas zonas de producción vitivinícolas que ensayaban con diferentes modalidades de vinos parecidos al jerez, con intentos desesperados de reproducir el característico velo de flor, tal como reseña Julian Jeffs en su imprescindible libro El vino de Jerez.

Circunstancias legales, sociales, económicas y políticas de las primera décadas de la nueva centuria serán aprovechadas por los pícaros de turno para ir ocupando, poco a poco, las parcelas de mercado que monopolizaba nuestro jerez, Y que alcanzaría su apogeo en los años `60. `70 y `80 del siglo XX.

La nueva clase media surgida de la posguerra tuvo fácil acceso a esta nueva oferta con precios más económicos, y se popularizaron marcas como Old England de J.E. Mather&Sons, VP de Vine Product, Armadillo de Matthew Clark, QC de Quality Counts, etc.

La compañía Whiteways, publicó en prensa, a mediados de los años `30, un anuncio donde se apelaba tanto al espíritu británico del consumidor, destacando la palabra British, como a su bolsillo, con un precio más barato con respecto al español.

Las grandes cadenas de supermercados, como Sainsbury´s sirvieron de escaparate a estas marcas advenedizas, que las ofertaron a sus clientes durante más de treinta años.

A la metrópoli llegaron otros tipos de jerez producidos en diferentes lugares del Imperio, favorecidos por nuevas normativas legales. Uno de los más aceptados fue el Cyprus Sherry.

La isla mediterránea de Chipre comenzó a comercializar "su jerez" en 1937, difundiéndolo principalmente por el norte de Europa. En la década de 1960, Gran Bretaña consumía 13,6 millones de litros de vinos de Chipre, la mitad de la producción de la isla, principalmente como jerez dulce. Un estudio de investigación de mercado británico de vinos fortificados en 1978 mostró que el Emva Cream era el jerez de Chipre líder en términos de reconocimiento de marca, y el segundo, en ese mercado, solo por debajo de Harveys Bristol Cream.

El mercado del vino fortificado también comenzó a reducirse en su conjunto debido a un cambio en el gusto del consumidor y, como resultado, las ventas de jerez de Chipre en el Reino Unido cayeron en picado a principios de la década de 1970, para alcanzar unas pérdidas del 65 por ciento a mediados de la década de 1980. El golpe final se produjo cuando la CE dictaminó que, a partir de enero de 1996, solo el vino fortificado de Jerez podía asumir el título de jerez.

En el mercado inglés fueron muy populares, además de la marca Emva, las de Monte Cristo y Mosaic.

También Sudáfrica se unió a esta trama de piratas para ocupar el inestable podio del jerez. Hay noticias que en 1890 ya se estaban haciendo experimentos de laboratorio a tal fin.

Es a las investigaciones del Dr. Charles Niehaus a la que se le debe el éxito a la hora de elaborar el jerez bastardo. Antes de instalarse en el país africano viajó a Jerez, donde pudo conseguir velo de flor para reproducirlo con el apoyo de la poderosa KWV.

Gráfico resulta lo escrito por el premio Nobel, Graham Greene, en su novela The end of the Affaire, donde trata de un amor imposible entre un escritor y la mujer de un diplomático en el Londres del finales de la SGM: "Nos conocimos la primera vez bebiendo un pésimo jerez sudafricano a causa de la guerra de España". Escena que se repite en la versión cinematográfica que hizo Neil Jordan en 1999.

En 1979 la Asociación de vinateros de Sudáfrica publicaría un libro con un rotundo título Sherry in South Africa, de G H. Calpin.

Algo parecido ocurriría con el jerez australiano, donde se destacan dos nombres, el de James Busby, considerado el padre de la viticultura australiana, que también viajaría a Jerez en 1831 para llevarse injertos de nuestras cepas; y el de Max Schubert, que por encargo de Penfolds visitaría algunas bodegas del Marco en los años `50.

Etiqueta mexicana de un falso jerez. Etiqueta mexicana de un falso jerez.

Etiqueta mexicana de un falso jerez.

América, de norte a sur

El escollo más importante en la actualidad lo representa Estados Unidos, una vez que que los acuerdos establecidos con terceros países están llegando a buen puerto.

Según el director general del Consejo, César Saldaña, "Estados Unidos es sin duda la gran cuestión pendiente", como señalaba en la Tribuna libre del Diario de Jerez, el 24 de diciembre de 2007, con motivo de los 40 años del "Sherry Case".

Dos zonas bien definidas de los Estados Unidos sobresalen a la hora de tratar de tan espinoso asunto, la costa Este, el área conocida como Fingers Lake, y la costa Oeste, con California.

Y dos nombres en cada una de ellas. En la primera Walter S. Taylor, que en 1880 funda su compañía de vinos, incluyendo desde sus inicios el tipo jerez; y en la segunda, el irlandés Matthew (Don Mateo) Keller, del que ya en el membrete de sus cartas comerciales anuncia su "sherry". Hablamos de nada menos que de 1878.

Si nos trasladamos al sur del continente americano, este tipo de vino tuvo especial incidencia en tres países de Hispanoamérica: México, Chile y Argentina. Un fenómeno bien estudiado por el historiador argentino, afincado actualmente en Santiago de Chile, Pablo Lacoste. En su documentada obra, El vino del inmigrante,dedica un capítulo al jerez elaborado en Argentina, una actividad que se inicia a finales del XIX y principios del XX, y donde nos encontramos con marcas como Tío Paco, de bodegas Pulenta, El abuelo, de Sáenz Briones, y los de las bodega de Ángel M. Espiño, Pera-Grau, y Federico López, todas radicadas en Mendoza.

Por la parte chilena hay que consultar el artículo de El paradigma europeo en la industria de vinos y licores, de Emiliano Núñez, donde centra la atención en las bodegas de Juan Mitjans, emigrante catalán que llegó a Chile en 1887. Su jerez Zalamero es muy consumido. Imitación que alcanzaría hasta la propia etiqueta, tomada de una conocida de Valdespino.

De Rusia a Cataluña

El jerez elaborado en Rusia es menos conocido debido a las circunstancias socio-políticas que rodea a ese país durante buena parte del siglo XX.

La alta sociedad rusa de la segunda mitad del XIX mostró gran aceptación por el jerez, tal como queda reflejado en la gran literatura surgida en aquel tiempo.

En La gaviota, obra teatral escrita por Antón Chejov en 1896, uno de los personajes, Sorin, expone su peculiar punto de vista: "... pero yo quiero vivir y por eso en la comida bebo jerez y fumo cigarros".

Y en Anna Karenina, Tolstoi nos habla de las dos tiendas más importante que vendían jerez en Moscú.

No era de extrañar que algunos avispados empresarios se lanzaran a crear jerez en zonas como Crimea y Moldavia, circunstancias que en menor medida perdura hasta nuestros días.

Como punto final, dejar constancia del jerez seco elaborado en la fábrica de Juan Corderas, en San Feliu de Codines.

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