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Aburrimiento 0-Creatividad 0

Ilustración de Luis Miguel Morales ‘MOGA’ Ilustración de Luis Miguel Morales ‘MOGA’

Ilustración de Luis Miguel Morales ‘MOGA’

En estos tiempos que corren, en los que nos encontramos estrechamente vinculados a las nuevas tecnologías y cada vez más distanciados de las actividades tradicionales que requerían del ingenio para inventar un juego, una canción o una forma de acceder al conocimiento, parece necesario reflexionar sobre las ventajas de lo tradicional frente a todas las de la innovación tecnológica.

Tarea difícil la defensa de las rutinas tradicionales dadas las comodidades que aportan los nuevos accesorios de los que disfrutamos cada día, buscar piso para alquilar, encontrar cualquier dirección en el país en el que te encuentres, encontrar una biografía de cualquier persona en sus redes sociales, enviar dinero a alguien sin salir de casa y un larguísimo etcétera que podría ocupar todo este artículo. Para colmo, hace unos años que las investigaciones demuestran que los bebes y los menores que utilizan tablets alcanzan mejor las habilidades de un desarrollo adecuado que los que no las utilizan.

Sin embargo, es precisamente en el desarrollo de la creatividad donde la ausencia de estímulo puede resultar interesante. Explican algunos expertos que el ciclo de la creatividad empieza por el aburrimiento y que la ausencia de aburrimiento provoca la ausencia de creatividad. En los juegos tradicionales cuando el niño se aburre, inventa un juego, juega durante un tiempo hasta que se aburre de jugar y vuelve a inventar, mientras que con las nuevas tecnologías de un juego se pasa a otro directamente sin que medie el aburrimiento y la inventiva. Ejemplos a lo largo de la historia no nos faltan de cómo la vida controlada y con baja carga de actividades sociales ha ayudado a conseguir el éxito.

Albert Einstein quien no necesita presentaciones por ser habitual ejemplo de hombre inteligente escribía, entre fórmulas y fórmulas físico matemáticas, que “la monotonía y la soledad de una vida tranquila estimulan la mente creativa”.

J.K Rowling es una de las escritoras más creativas de los últimos tiempos. Tras la muerte de sus padres y un matrimonio protagonizado por los malos tratos, se encerró en su casa, viviendo de los servicios sociales y consiguió escribir los primeros volúmenes del famoso Harry Potter que han fascinado y enganchado a miles de estudiantes por su mundo mágico, lleno de fantasía y creatividad.

Existen otras muchas personas de éxito (Michael Jordan, Steven Spielberg, Bill Gates) que comparten esta preferencia por estar con uno mismo, un rasgo de personalidad llamado introversión. La introversión no tiene que confundirse con la timidez. Esta última es un problema de ansiedad a expresarse frente a los demás, sin embargo cuando hablamos de introversión hablamos de una preferencia a la reflexión con uno mismo frente al intercambio o contacto con los demás. Una preferencia que ha venido siendo mal vista a lo largo de la historia y que, sin embargo, en los últimos tiempos se empieza a relacionar con el éxito vital. Libros como El poder de la introversión de Susan Caín o El éxito de los Introvertidos de Sylvia Löcken recogen muchos de los beneficios que además de la creatividad puede reportar la soledad: ser más reflexivos, mayor capacidad de escucha y aprendizaje, menos comportamientos de riesgo, mayor contacto con uno mismo y mayor sensibilidad.

Así que parece que aunque las tendencias actuales tanto empresariales como en educación plantean como incuestionable el trabajo en equipo para mejorar la creatividad y los resultados, existen algunos datos de que el trabajo cooperativo en lugar de mejorar la creatividad podría deteriorarla.

Un interesante estudio (Anders Ericcson) estudió las rutinas semanales de varios violinistas virtuosos comprobando que todos dedicaban el mismo tiempo durante la semana a realizar actividades relacionadas con la música, pero los más virtuosos solían pasarlas en solitario.

Son muchos los grandes genios a lo largo de la historia que se han retirado a lugares aislados y solitarios para estimular su creatividad, tanto en la escritura, como en la pintura o incluso en las ciencias. Santiago Ramón y Cajal, probablemente uno de los mayores científicos de la historia de España, escribía “Hoy me asombra aquella actividad devoradora, que desconcertaba hasta a los investigadores alemanes, los más laboriosos y pacientes del orbe. Mi tarea comenzaba a las nueve de la mañana y solía prolongarse hasta cerca de media noche. Y lo más curioso es que el trabajo me causaba placer. Era una embriaguez deliciosa, un encanto irresistible.” (Cajal, Recuerdos de mi vida Cap. VII, p 1).

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