Crítica de Cine

De Millán Astray a la nueva comedia americana

malas madres

Comedia, Estados Unidos, 2016, 101 min. Dirección y guion: Jon Lucas, Scott Moore. Intérpretes: Mila Kunis, Kristen Bell, Kathryn Hahn, Annie Mumolo, Jada Pinkett Smith.

Terminado el ciclo histórico de las revoluciones parece que reivindicar la gamberrada y la grosería es lo que les queda a quienes quieren poner en solfa las convenciones, al igual que la grosería y la violencia tan extrema como inocua es el sustitutivo de la transgresión. El problema es que hoy lo convencional -lo que quiere y promueve el dichoso sistema- es precisamente el gamberrismo y la grosería descerebrada (¡quién le iba a decir a Millán Astray que su "¡muera la inteligencia!" sería el lema mediático y educativo del siglo XXI, coreado al unísono por programadores de televisión, pedagogos o cineastas). Y que a nadie escandalizan o perturban las tripas, los sesos, los pedos, las audacias sexuales y otras lindezas, porque las suministra la televisión a domicilio todos los días en abierto y para todos los públicos. Ya se lo dijo, lágrima en ojo, André Breton a Buñuel: "Desengáñese usted, ahora es imposible escandalizar". Y eso que el hombre se refería a tragedias mayores -porque añadió: "Después de Auschwitz, de la bomba atómica... todo parece infantil"- y no a la miserable vulgaridad nuestra de cada día.

Dicho lo cual solo cabe añadir que Malas madres es más convencional que La tribu de los Brady y La casa de la pradera juntas, y responde perfectamente a lo que hoy se desea, demanda, induce y hasta impone. La cosa va de una rebelión de madres hartas de sus vidas. Es importante subrayar que hay un desvaído subtexto muy sesentón contra la sociedad patriarcal que impuso a las madres su rol sacrificado, sumiso y amoroso. Una media verdad y una mentira reduccionista que pasa por alto el instinto de maternidad; pero qué más da: la mentira se ha repetido tanto que pasa por verdad. Ya saben lo que dijo Goebbels, que comparte estrellato con Millán Astray en las estrategias de los medios. Liberarse, evidentemente, no significa para estas señoras lo mismo que para Pankhurst, Rosa Luxemburgo o Betty Friedman, sino apuntarse al liberador resacón y al desmadre made in MTV o similares. Antes de este bodrio los directores alumbraron Noche de marcha. Están avisados.

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