Cultura

El irresistible poderío de Judi Dench

Drama, Reino Unido, 2013, 98 min. Dirección: Stephen Frears. Guión: Jeff Pope, Steve Coogan. Fotografía: Robbie Ryan. Intérpretes: Judi Dench, Steve Coogan, Michelle Fairley, Mare Winningham, Anna Maxwell Martin, Charles Edwards, Sean Mahon.

Que Stephen Frears es un maestro del drama con ribetes de elegante retórica melodramática lo supe cuando rompió del todo el personaje de Glenn Close en Las amistades peligrosas a través de un detalle nimio filmado e interpretado tan admirablemente, e insertado con tanta precisión en el momento exacto, que lo irrelevante se convertía en un poderoso efecto dramático. Era cuando, casi al final, a una Glenn Close que intentaba plantar cara a quienes conocían sus fechorías era derrotada por la rotura de un tacón. Años después, en The Queen, Frears fue capaz de sintetizar los más complejos discursos sobre el populismo que representó Lady Di y la dignidad de una Isabel II que ve derrumbarse su mundo, filmando a la Reina mientras contempla un ciervo muerto colgado en un pabellón de caza.

Frears es también un consumado malabarista del que cabe sospechar que cuando hace cine realista y testimonial está siguiendo la moda sin implicarse ideológicamente; y que cuando hace cine comercial está desbordando sus límites con sus obras más personales y profundas. Lejos de ser una tara este no estar del todo del lado del compromiso realista o del cine de gran público hace su atractivo y da larga vida a sus películas. En él la ambigüedad es un mérito y la trampa, si la hubiera, es la marca de la maestría artesanal de un extraordinario narrador de historias que pueden ir de los suburbios londinenses (Mi hermosa lavandería, Ábrete de orejas, Sammy y Rose se lo montan) a Buckimgham Palace (The Queen), de los salones del siglo XVIII (Las amistades peligrosas) a las atmósferas del cine negro (Los timadores), de la descarnada recreación de la Inglaterra de los años 30 (Liam) a su encantadora idealización (Mrs. Henderson presenta), de la ficción más alejada de la realidad (El secreto de Mary Reilly) a historias verdaderas cuyos protagonistas aún viven, como es el caso de esta extraordinaria Philomena.

Se trata de una gozosa recuperación del mejor Frears tras siete años de películas menores. La historia real en la que se basa lo merece. Embarazada a los 15 años, Philomena, presa de su inmadurez, su miedo y su indefensión, fue víctima del tráfico de bebés perpetrado por instituciones religiosas, siendo dado su hijo en adopción. Durante 50 años buscó a ese hijo perdido. La película es la historia de esta búsqueda y, a través de flashback, la rememoración de las tristes circunstancias que condicionaron esa pérdida. Una búsqueda que se intensifica cuando un periodista que no atraviesa su mejor momento se empeña en contar la historia de Philomena y en ayudarla a encontrar a su hijo.

El buen carácter de Philomena, su optimismo, su vitalidad, su sincera religiosidad y su sentido del humor permiten a Frears trenzar algunos hilos de comedia en este soberbio drama de lágrima segura (y nunca fácil) que a la vez es gran cine comercial popular y una contundente denuncia que no se dirige sólo a la Iglesia: la izquierda prepotente también se lleva lo suyo. Aquí confluyen todos los Frears posibles -autor y artesano, sincero y manipulador, realista y fabulador- sin que se evidencien las costuras gracias a su talento y al buen guión escrito por Jeff Pope y el también flexible actor y escritor Steve Coogan, contorsionista capaz de moverse entre Noche en el museo o Tropic Thunder y los universos de Michael Winterbottom. Además de escribir el guión Coogan produce la película e interpreta convincentemente al periodista. Pero sobre todo Frears logra aunar sutileza y melodrama, denuncia y esperanza, drama y sentido del humor, gracias a una esplendorosa Judi Dench.

Frears es un extraordinario director de actrices capaz de exprimir a las actrices menos (Glenn Close, Michelle Pfeiffer, Anette Benning, Julia Roberts) o más veteranas (Vanessa Redgrave, Claire Bloom, Angelica Huston, Helen Mirren) algunas de sus mejores interpretaciones. Con la gran Judi Dench ya había trabajado en Mrs. Henderson presenta, pero aquí prepara para ella el escenario, la historia y el encuadre que le permiten desplegar su potencia de genial actriz en toda la gama de recursos, de la risa a la lágrima, de la conmoción a la sonrisa. Su confrontación con el cínico, ateo y pesimista periodista -siendo ella optimista, vital y creyente- es una inagotable fuente de crítica, reflexión y sabiduría. Es uno de los mejores trabajos, si no el mejor, de su larga carrera. Emociona. Conmueve. Y alegra. Todo a la vez.

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