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El legado de Isabelita Ruiz

Isabelita Ruiz Isabelita Ruiz

Isabelita Ruiz

EN la inauguración del Villamarta, en febrero de 1928, salió a escena como primera bailarina una “jerezana de piernas monumentales” en presencia de Primo de Rivera. Eso escribía Rodrigo de Molina en este Diario a finales de los ochenta. Miguel Mendizábal la vio bailar en el “Olimpia” de París junto a la Meller, y al día siguiente escribe en “El Universal”: “¡Vaya hembra española!”. Otros hablaron de su cuerpo como “una divina escultura que soñara Pigmalión”, y en otra crónica avisan: “vayan a verla bailar y saldrán del teatro próximos al suicidio”. Juan de La Plata la conoció, y quedó impresionado no solo por su porte, -al que se refieren los comentarios anteriores-, sino por sus extraordinarias dotes para la danza. Hablo de Isabelita Ruiz, nacida en 1902 según su DNI, o en 1908 según los artículos sobre ella en la prensa local, que junto a una entrada en “Wikipedia” y un rótulo con su nombre en una calle cercana a la plaza del Caballo, es todo lo que hay sobre la cupletista. Bueno, todo no. Hay un considerable volumen de documentación sobre ella en la Biblioteca Municipal Central que recogió el Cine Club Popular del asilo de las Hermanas de la Cruz en 1996, cuando Isabel falleció en ese centro benéfico.

En estas líneas no pretendemos una semblanza biográfica al uso, sino una somera descripción de este interesante Legado, cuyo contenido hemos clasificado según su naturaleza. Entre los “documentos oficiales” hay muchos de su hermana María, que también flirteó con el mundo de la farándula en Brasil, a juzgar por una tarjeta profesional fechada en Rio en 1934 en el que consta como “cantora”, aunque en un certificado del Consulado de 1932 la catalogan como “modista”. De Isabelita lo más llamativo es un contrato de trabajo firmado en París con el director del “Scala Theater Berlin”, el banquero judio Jules Marx, en 1925, por el que la artista cobraría treinta mil pesetas al mes por interpretar “danzas españolas”. Toda una fortuna. Está también su cartilla de ahorros de finales de los 70, cuyas cantidades nos reservamos por decoro, pero que ni por asomo reflejan lo que ganó en sus años mozos.

Otro bloque lo encuadramos en “recuerdos y recortes de prensa”, con innumerables artículos de otras tantas actuaciones en Roma, París, Berlín, Santiago de Chile, Italia, Portugal, etc., donde la alaban de todas las formas posibles, como Alvaro Retana, que la llamó “una bolchevique de la coreografía, por haber revolucionado los principios más fundamentales de la danza española”. Completan el paquete una cantidad cercana al centenar de fotografías, como la que les mostramos, una veintena de piezas de música impresa y una serie de correspondencia dividida entre cartas oficiales y familiares. En 1995 se le tributó un cariñoso homenaje en el hogar de las monjas. Nosotros, acercándonos a su Legado, ponemos nuestro granito de arena para que Isabelita Ruiz sea para los jerezanos algo más que un rótulo colocado en una calle de Jerez. Y en la Biblioteca seguiremos encargándonos de que su recuerdo permanezca para siempre. Natalio Benítez Ragel.

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