Cultura

El paisaje rural en Jerez a finales de la Edad Media

  • La Academia, hoy

DESDE la década de los sesenta del siglo XX se ha constatado una preocupación cada vez más evidente por la protección del medio ambiente. Esto se ha traducido en una mayor sensibilidad entre los diversos sectores de nuestra sociedad, desarrollándose argumentos, desde diferentes campos científicos, con el objeto de explicar y racionalizar esa dialéctica.

Desde los trabajos del gran medievalista francés Marc Bloch, entre los años veinte y treinta del siglo XX, dentro del campo de la Historia se ha ido generando una corriente de pensamiento notable centrada en la relación entre las sociedades del pasado y la Naturaleza que la rodeaba y, en última instancia, la sostenía. Estudios diacrónicos que han puesto el acento en las transformaciones y mantenimientos de diversos espacios rurales y en la incidencia que las sociedades tuvieron a la hora de obtener sus recursos económicos.

En esa problemática, el paisaje rural en época medieval adquiere un valor significativo porque permite comprobar los procesos de cambio y adaptación experimentados durante ese período histórico. Se trata de una corriente de pensamiento que posee un amplio bagaje y tradición dentro de las historiografías italianas, francesas e inglesas, fundamentalmente. Además, y en los últimos veinte años, la historiografía española también se ha incorporado con vigor a esa corriente con resultados estimulantes.

Dentro del ciclo de conferencias organizado por la Academia de San Dionisio en Jerez de la Frontera, se ha contemplado la posibilidad de reflexionar en torno a esta problemática; en concreto, en torno a la organización y evolución del paisaje rural jerezano a finales de la Edad Media. Mediante un planteamiento diacrónico, el objetivo es valorar el papel de los diferentes agentes de poder -ya sea la corona, los señores, el concejo o las comunidades campesinas -en cada uno de los espacios que conformaban el paisaje rural y, al mismo tiempo, reflexionar en torno a la influencia ejercida por esos agentes en la organización del mismo.

En definitiva, el paisaje rural constituye un objeto de estudio por parte del medievalista que debe, al mismo tiempo, atender los resultados obtenidos desde otras especialidades, como la geografía, filología, arqueología o historia del arte, por citar algunas de ellas. Un campo de investigación, por tanto, interdisciplinar, con una evidente proyección patrimonial -pensemos, por ejemplo, en los Paisajes Culturales -y con una amplia repercusión en nuestra sociedad del siglo XXI, la misma que muestra una sensibilidad y preocupación especiales por nuestro medio ambiente.

De todo ello me propongo hablarles esta tarde, a partir de las ocho y media en mi intervención, dentro del ciclo "Investigación histórica del Jerez medieval".

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