Cultura

Sin restriccionesExpresionismo figurativo

A Cristina López la conocimos una tarde de inauguración en una sala portuense. Supimos que era o había sido alumna del estudio de Fermín García Villaescusa, allí donde el pintor jerezano ejerce su entusiasta trabajo, no sólo formativo sino, también, abriendo horizontes de total amor a una pintura en la que cree apasionadamente y hace creer en ella. El aval seguro de que cómo hay que sentir la pintura que patrocina Fermín, su mirada privilegiada y su poderoso carácter pictórico habían dejado su determinante huella en la pintura iniciática de esta autora que, pronto, empezó a moverse en solitario, buscando las perspectivas propias y adecuando los intereses instructivos alcanzados a los planteamientos de una figuración básica a la que ella accede sin demasiados problemas.

Cuando nos enfrentamos a la obra de esta joven autora vemos claramente la sapiencia de la fuente y como ella había sido capaz de seguir los argumentos técnicos, pictóricos y artísticos dándole un personal aliento de la que sabe lo que quiere. Por eso, supimos que podría ser autora a seguir. Poco a poco, ella ha ido casi profesionalizándose, llegando a estar presente en muchas de las ofertas expositivas que por ahí se suceden, hasta llegar a esta comparecencia en el bello escenario de la antigua iglesia arcense de San Miguel. La pintura de Cristina López se desarrolla en los espacios de una figuración que ella remarca sus más absolutas posiciones expresivas. Con una buena argumentación dibujística, la pintora jerezana construye un entramado compositivo poderoso que, más tarde, le va a servir para plantear una pincelada fuerte, bien provista de acierto cromático que garantiza la fuerza estructural de ese expresionismo figurativo que supedita el relato fiel a los contundentes episodios de la forma.

La muestra del hoy centro Cultural de Arcos nos presenta una obra que entreabre los espacios de la figuración más exultante. Ella sabe dotar a la representación de intensidad visual y generar registros por donde el relato pierde entidad a favor de un mayor formalismo, con una pincelada que se va haciendo más gestual conforme suspende el hilo relator de lo concreto. Por eso, cuando la autora se deja llevar por su planteamiento personal, por su propio compromiso y por su concepción poderosa de la forma plástica, su obra gana en intensidad; mucho más que cuando fija su trabajo en referencias conocidas, que minimiza una pintura que ella sabe plantear de otra manera. Así nos encontramos unos muy buenos compromisos formales con esas impactantes gallinitas, muy bien acondicionadas en continente y contenido y con una fuerza material que las hace especialmente significativas.

Cristina López es una pintora que nos hace seguir pensando y confiando en una pintura que va a mucho más.

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