En estos días se inauguraría la edición actual de ARCO, la Feria de Arte Contemporáneo que, desde hace cuarenta años, se viene celebrando en Madrid y es cita obligada para tomar el pulso a lo que se cuece en el mundo del arte más actual. Este año, por primera vez desde su inauguración en 1982, la feria no se va a celebrar. La Pandemia también nos ha quitado el encuentro anual con la plástica moderna. El problema no es que no se celebra ARCO, ya habrá tiempo de hacerlo; lo realmente malo de todo esto que el COVID ha dejado a lo artístico y, sobre todo, a sus hacedores muy desamparados. Parece que no es tiempo para que los coleccionistas arriesguen y apuesten por un arte necesitado, como casi todo ahora mismo, de muchísimo apoyo. Es una pena porque, históricamente, las grandes colecciones se han fraguado cuando la necesidad general ponía su cruel manto de incertidumbre sobre la inmensa mayoría. Desgraciadamente, ahora, los tiempos son otros y el personal pudiente prefiere guardar que dar un paso adelante e invertir. Me van a permitir que estas breves líneas sean, en esta ocasión, para apoyar a los artistas, para desearles que sigan con su paciente quehacer y no desesperen. Al mismo tiempo invito a pensar a los coleccionistas y a los que tengan posibilidad en que es el momento adecuado para iniciar una colección o, los que la tienen, encontrar nuevas piezas que hagan más grande sus fondos. La realidad es dura para casi todos; pero los creadores, por sus propias circunstancias profesionales, nos son activos a los que se les haga demasiado caso dentro del drama general. Por eso, no se les debe marginar pues su situación es tan dura como la de los demás. Es hora, por tanto, de mirar hacia un arte y sus autores que están ahí y necesitan todo el apoyo. No los olvidemos. Sus obras pueden servir de bálsamo vivificador ante esa tragedia que tanto duele.

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