E style="text-transform:uppercase">N mi columna anterior escribía sobre la memez esa de denunciar los muchos deberes que, algunos papás, dicen que llevan sus hijos impuestos por unos maestros poco 'conscientes' y que tal 'atrocidad' atentaba contra el bienestar de sus pobres angelitos. Tal pamplina, salida de esos papás y de esas mamás superprotectoras que envuelven a los niños en una especie de burbuja jabonosa de inconsciente realidad, echando la culpa de todos los males a los maestros y dejando que los niños asuman sobre ellos una potestad casi dictatorial, se quedaría sólo en una mera salida de tono de lo que poco tienen que decir si no fuera por una repercusión mediática de cierto periodismo ávido de absurdos noticiables. Los deberes que, cada vez son más escasos, por mucho que digan tales papás equivocados, no hacen daño a los niños, sirven para complementar lo aprendido y para que los alumnos asimilen los conceptos aprendidos. Si ustedes, amables papás y mamás, consideran que sus hijos llevan muchos deberes, acudan a hablar con el tutor, pregunten, expongan sus dudas y escuchen las argumentaciones del profesional que sabe lo que sus hijos hacen o dejan de hacer. En la mayoría de los casos, las protestas provienen de esos padres que sólo oyen a sus hijos, que se creen únicamente lo que los niños quieren que ellos crean, que están alejados de la realidad escolar y que, con todo ello, están haciendo un flaco favor a unos niños con una educación manifiestamente equivocada. Ahora, a la suprema tontería de protestar por los muchos deberes, hay que sumar la soberana estulticia de organizar una huelga de deberes. País de tontos.

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