Aveces me han preguntado: "¿Cómo se puede ser de izquierdas y creyente cristiano?" Suelo decir: "Es que en ese Dios y en esa Iglesia que estás pensando yo tampoco creo".

Hay en la Iglesia quien asume - como Jesús de Nazaret - la opción preferencial por los empobrecidos, las marginadas, los excluidos. Que busca y bebe de las fuentes originales más limpias: la palabra liberadora de Jesús y los testimonios de las primeras comunidades cristianas, visto todo a la luz de nuestro tiempo.

Que cree que el Reino de Dios empieza aquí y se construye desde aquí. Que no se queda impasible frente a la cruda realidad de tantas vidas. Que va codo con codo con la gente que lucha usando sus mismas herramientas para transformar esa realidad, implicándose a fondo.

Hay en la Iglesia quien se siente Comunidad - Pueblo de Dios y considera que por encima de cualquier imagen, talla, trono o corona están las personas, especialmente si padecen. Que la oración y la liturgia, el culto, son un medio más que un fin, para interrelacionarse con Dios y, sobre todo, para tomar fuerzas de cara a la tarea que nos aguarda fuera.

Hay gente que forma comunidad cristiana y cree que todos somos iguales: hombres y mujeres, todas las razas y naciones, hetero y homosexuales. Que no pregunta qué se piensa, en qué se cree, a quién se adora, para dialogar y tender una mano. Para trabajar juntos y construir comunidad en el mundo.

Que es constante y silenciosa "como levadura en la masa". Que reconoce sus muchas limitaciones y fallos y pide perdón por ellos.

Esta es la Iglesia Pueblo de Dios que yo recibí de Paco González. Un jerezano que cambió el tabanco de su padre (El Pasaje) por una vocación de entrega y servicio. Sacerdote por más de 50 años, en la Comunidad Parroquial de San José Obrero de El Puerto. Fue y será levadura. Un hombre bueno. Murió el viernes. Descanse en paz.

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